sábado, 8 de octubre de 2011

Encantadores I: Brujas

La palabra “bruja” comenzó a utilizarse en los textos hispanos en el siglo XIII a decir de Caro Baroja (Lisón Tolosana indica que inicialmente en Aragón, Cataluña y País Vasco), si bien para los lingüistas actuales es prerromano probablemente. A ciencia cierta nadie sabe de donde procede este misterioso término. Se han formulado algunas teorías, pero ninguna de ellas tiene ningún fundamento verídico en mi modesta opinión. Caro Baroja acierta al afirmar que empezó a emplearse en la Edad Media. Pero esto es solo cierto en el lenguaje escrito, no en el oral popular. Antes del siglo XIII se empleaban otros términos para definir a las brujas en los textos, algunos de los más frecuentes fueron: nocturnas, estrías, maléficas, lamias,  mascae, etc.

Siguiendo a Caro Baroja había tres tipos de brujas:

1-Las que solo saben curar.
2-Las que curan y pueden hacer daño.
3-Las que solo saben hacer daño.

El dato es confirmado por el antropólogo Lisón Tolosana, quien demostró que en Galicia la bruja no es solamente una persona maligna, de hecho algunas pueden quitar maleficios y realizar otro tipo de curas. También en las actas inquisitoriales hay multitud de personas acusadas de "hechicería y brujería"al mismo tiempo (curar o dañar con magia). Yo mismo he leído en un documento medieval italiano un caso en el que una maléfica curaba a un campesino.

Vamos a ver ahora la etimología que me parece más razonable para bruja. El prefijo indoeuropeo bhrei- tiene varios significados: “cortar” “romper” “ruido” “navaja” “afilado” “frotar” “restregar” “desmenuzar” “quebradizo”. Quedémonos de momento con "ruído".

Covarrubias, en su Tesoro de la lengua castellana o española (1611), cuando define la voz bruxa, recoge muchas de las creencias de la época relativas a las brujas:

Y assí con razón a las brujas llamaron striges, pues se entiende dellas matar los niños y chuparles la sangre; y como se dixeron striges “ab strigendo”, se pudieron decir bruxas de “bruit”, vocablo francés que vale estruendo y ruydo, por el que llevan quando van por los ayres, que dicen causar tempestad y tiempo borrascoso.

Una “bruxa” es según el DRAE 1726:

Ave nocturna semejante a la lechuza, aunque algo mayor, que de noche da ásperos chillidos, al modo del fuerte ruido que forma el rechinar de los dientes. Tiene la cabeza grande, los ojos como los del buho y siempre abiertos, el pico corvo como ave de rapiña, las plumas canas, y las uñas encorvadas. Vuela de noche, y tiene el instinto de chupar a los niños que maman, y también las tetas de las amas que los crian. Es voz antigua y sin uso.

Comúnmente se llama la mujer perversa, que se emplea en hacer hechizos y otras maldades, con pacto con el demonio y se cree y dice que vuela de noche. Díjose así por analogía de la bruxa ave nocturna. “Chupado de bruxas” es comparación vulgar con que se da a entender el que está flaco y descolorido aludiendo a la vulgaridad de que las bruxas chupan la sangre de los niños, que por esto están flacos y descoloridos. “Bruxear” es andar de noche vagueando por las calles. Es voz baja formada del nombre bruxa y usada en Aragón. “Bruxería” es el acto ejecutado por maleficio y hechicería.

Siguiendo a Covarrubias observamos que“Ruido (roído, principio s.XIII). Del latín “rugitus” “rugido”, que vulgarmente tomó ya el sentido de “estruendo”. El verbo correspondiente “rugire” se conservó en el castellano antiguo y judeoespañol ruir “susurrar”, asturiano “ruxir” “hacer ruído”. Por vía culta rugir “bramar el león”, 1570. De la misma raíz latina deriva “rumor, -oris”, de donde el cultismo “rumor”, hacia 1440. Cabe destacar que el francés “bruit” significa “ruído” o “rumor”.

Nótese pues, que “bruxa” podría tener una relación etimológica con “rux” (ruído) y lechuza. Pasemos ahora al vocablo asturiano "curuxa", el cual es sinónimo en Asturias de bruja o mochuelo.

La curuxa, también coruxa, coruxu y curuxu, nombre por el que se conoce en Asturias y, por extensión, al búho y al mochuelo, es un ave rapaz nocturna muy habitual y con una gran presencia en los pueblos asturianos a la que también se conoce como cudongu, guaxa, nétova, niétova, nuética y tubeca. Recuérdese que nocturna fue también usado para designar a las brujas en Europa, no es coincidencia que lechuza sea un derivado despectivo de "noche": nochuza=lechuza.

En algunos lugares pertenece más al paisanaje que a la categoría de ave. Resopla y silba con fuerza cuando está parada y emite un graznido estridente y fúnebre cuando vuela. Ha sido este ave nocturna, desde tiempos inmemoriales, acusada de beber el aceite de las lámparas de las capillas, ermitas e iglesias.

En Asturias la coruxa si se posa o merodea la casa de un enfermo significa que éste va a morir. La coruxa (o curuxa) es también relacionada por algunos con la Guaxa (bruja). Es curioso observar el parecido de coruxa (curuja/coruja en castellano) con encorujá (brujas hurdanas). La guajona (similar a la guaxa) es llamada en algunos lugares de Cantabria “lamia”. Es probable que “bruxa” tenga relación etimológica con “curuxa” (ambas terminan en “ruxa” y significan “lechuza”).

Según Juan Luis Rodríguez Vigil, las brujas asturianas volaban en la oscuridad de la noche en su disfraz animal de curuxa, como le atribuyen los dichos populares: “Bien sabe la bruxa el cantar de la curuxa” o “canta la curuxa, señal de muerte”. Según este mismo autor, después de la curuxa está la culebra (para mamar a las vacas) como animal más frecuente de las metamorfosis brujeriles, seguido de la loba o lobo.

Bien, una vez aclarada la relación etimológica de bruja, encorujá o curuxa con ruído y lechuza vamos con el término latino "strige" procedente del griego.

Striges: En sus “Etimologías” (siglo VII), San Isidoro comenta algo sobre las estriges:

Hay quienes sostienen que no es una mentira fabulosa, sino una realidad histórica el que los compañeros de Diomedes fueron transformados en aves. De igual manera, otros aseguran que las “strigas” son hombres que se han convertido en fieras. En realidad, para cometer muchos latrocinios, los criminales transfiguran su aspecto en el de fieras por medio de cánticos mágicos o la acción prodigiosa de algunas hierbas (veneficium).

En otro capítulo sentencia:

Ave nocturna es también la strix (citada también por Plinio y Festo), que recibe su nombre del sonido de su voz, pues cuando canta, rechina (“stridere”). Dice Lucano de ella: “Lo que el asustadizo búho y la nocturna strix lamentan”. A esta ave el vulgo suele conocerla con el nombre de “amma”, de “amare” (amar) a los niños; de ahí que digan que proporciona leche a los recien nacidos (Nt: se trata de la leyenda según la cual estas aves buscaban a los niños de noche en sus cunas para ofrecerles sus pechos en los labios, y mientras tanto les chupaban la sangre).

El DRAE de 1803 define a la estrige:

Ave nocturna, infausta y de mal agüero, de quien vulgarmente se creía que se cebaba en la sangre de las criaturas o niños de pecho.

Pero el plato fuerte de verdad viene en el DRAE 1726 (lo muestro de nuevo), cuando define, entre otros significados, la palabra “bruja” como “lechuza, ave rapaz”:

Ave nocturna semejante a la lechuza, aunque algo mayor, que de noche da ásperos chillidos, al modo del fuerte ruido que forma el rechinar de los dientes. Tiene la cabeza grande, los ojos como los del buho y siempre abiertos, el pico corvo como ave de rapiña, las plumas canas, y las uñas encorvadas. Vuela de noche, y tiene el instinto de chupar a los niños que maman, y también las tetas de las amas que los crian. Es voz antigua y sin uso.

Comúnmente se llama la mujer perversa, que se emplea en hacer hechizos y otras maldades, con pacto con el demonio y se cree y dice que vuela de noche. Díjose así por analogía de la bruxa ave nocturna. “Chupado de bruxas” es comparación vulgar con que se da a entender el que está flaco y descolorido aludiendo a la vulgaridad de que las bruxas chupan la sangre de los niños, que por esto están flacos y descoloridos. “Bruxear” es andar de noche vagueando por las calles. Es voz baja formada del nombre bruxa y usada en Aragón. “Bruxería” es el acto ejecutado por maleficio y hechicería.

En Rumanía se dice todavía que los strigoi, devoran el corazón de hombres y animales. Este acto se atribuye en el siglo VIII a las brujas (strigae), sobre todo en el Capitulario de partibus Saxoniae y la Lex Salica, en un añadido del año 800 aproximadamente; entre el año 600 y el 643, otros dos textos de ley -el Pactus Alamannorum y el Edictum Rothari- hacen referencia a una superstición según la cual las brujas se comen al hombre desde el interior. Había dos tipos de strigoi: los vivos (vii) y los muertos (mort).

Strix y sus derivados aparecen bajo tres conceptos totalmente dispares: “strga, -ae” ha llegado a nosotros como “estría”, y también como el topónimo “Istria”; Striga es también el nombre que se le daba al ave nocturna por excelencia: la lechuza o el Gran Duque; y por último, tenemos “strx” o “strigis”, vampiro o especie de hechicero. Todas ellas del acusativo griego, que tanto puede significar serie o línea, como pájaro que sobrevuela y también grito o chillido de animal. Incluso en rumano ha transcendido este último significado en “striga, -g, -at”.

El búlgaro Upir (vampiro) viene del latín Strig. Así pues etimológicamente hablando, vampiro es sinónimo de estrigoi. Similarmente, de acuerdo con la mitología rumana y albana, una striga es una especie de bruja-vampiro que se desliza en los cuartos de los pequeños y absorbe su fuerza de vida. Actualmente, en Uganda algunos brujos asesinan niños para extraerles la sangre y el corazón, al parecer es una exigencia que les hacen los espíritus.

Hoy día muchos linguistas -especialmente ingleses y americanos- tienen como origen de la palabra “vampiro” a “estrige”, en rumano “strigoi” es vampiro. En 1801, el obispo de Siges pide a Alejandro Moruzi, príncipe de Valaquia, que impida que los campesinos de Stoesti desentierren continuamente a sus muertos para verificar que no se han convertido en vampiros (strigoi). Valaquia limita al sur con Transilvania, el lugar en el que Bram Stoker hizo revivir con el nombre de Drácula a Vlad III Tepes Draculeo (hacia 1431-1477), apodado el Empalador. En el pueblo de Amarasti, al norte de Dolj (Rumanía), los hijos de una difunta cortan a la madre en dos pedazos porque se aparece por la localidad. Tras inhumarla por segunda vez, ¡descubren que el cadáver está intacto!

En otro caso:

Se llevaron entonces el cuerpo a un bosque y lo depositaron bajo un árbol tras haberle quitado el corazón, de donde manó sangre, haberle cortado en cuatro pedazos y finalmente quemado; mezclaron las cenizas con agua y las dieron a beber a los niños, incineraron el cadáver y enterraron las cenizas. Cesaron las muertes.

Todos estos testimonios muestran cómo conviene interpretar la mutilación de los muertos y ciertos datos arqueológicos: se trata de medidas preventivas y apotropaicas. Una vez decapitado, el muerto ya no puede actuar, o al menos eso creen, y si se le pone la cabeza a los pies, bajo la pelvis o entre las piernas, es para que no pueda tomarla y volvérsela a poner sobre los hombros. Una vez atado, no puede desplazarse; enterrado bajo un montón de piedras, se lo supone prisionero de su tumba.

Del latín ”stringo” (apretar, oprimir) deriva prestigio (ascendiente, influencia; juegos de manos; fascinación o ilusión con que se impresiona a alguno), cuyo significado, procede de praestringo (atar, deslumbrar, cautivar los ojos). Ahora mismo veremos la inquietante similitud entre el arte mágico del prestigio y las brujas.

Según Isidoro (s.VII):

Refiriéndose a Mercurio, dice también Prudencio: “Se dice que con el movimiento de su vara hacía volver a la luz las ánimas de los difuntos, pero que a otros los condenó a la muerte”. Y un poco más adelante añade: “Pues con su mágico murmullo era capaz de que comparecieran tenues figuras y encantar hábilmente las cenizas sepulcrales. Su arte criminal supo asimismo despojar a otros de vida”. Se dice que el inventor del prestigio fue Mercurio. Se llama prestigio porque “praestringere”(¿engaña o cierra?) la agudeza ocular.

En el glosario del Fuero Juzgo visigodo (s.VII) tenemos:

Incantatio: Illusio per magica prestigia, vel phantasmata demonum.
Incantator: Qui magicis praestigii iludere fingit.
Malleficium: Praestigiandi-ars, veneficium, magorum superstitiu.

Hacia 1200 la Saga de los férianos, cuya acción se lleva a cabo entre el año 1000 y el 1035, presenta un ejemplo de prestigio, esta vez en el marco de una verdadera investigación policíaca. Thorgrim el Malo ha asesinado a Sigmund para quitarle un anillo de oro. Thrand, que sabe magia, lo sospecha, lo visita, lo interroga y, ante sus negaciones, recurre a la nigromancia para confundirlo:

Thrand había mandado encender un gran fuego en la sala e hizo disponer cuatro rejas de modo que formasen cuatro ángulos. Grabó entonces nueve cuadros a cada lado de las rejas, en el exterior, y se sentó en una silla entre el fuego y las rejas. Pidió que no le hablasen y todos callaron. Permaneció sentado de este modo unos instantes. Al cabo de un momento, entró un hombre en la sala: era Einar el Hebridés. Se acercó al fuego, tendió las manos un corto instante, y luego dio media vuelta y salió. Un momento después, entró en la sala otro hombre, se acercó al fuego, tendió las manos y volvió a salir. Reconocieron a Thorir.

Inmediatamente después entró en la sala el tercer hombre. Era grande, y estaba cubierto de sangre; llevaba la cabeza en la mano. Todos reconocieron a Sigmund Brestisson. Se detuvo un momento en la sala, y luego volvió a salir. Después, Thrand se alzó de la silla, lanzó un profundo suspiro y dijo: “Ahora habéis podido ver que estos hombres están muertos: Einar murió primero, muerto de frío o ahogado, pues era el menos robusto; a continuación debió de sucumbir Thorir, y sin duda lo llevó Sigmund, y eso debió de agotarlo al máximo. En cuanto a Sigmund, alcanzó tierra firme al límite de sus fuerzas y esos hombres debieron de matarlo, puesto que se nos ha aparecido cubierto de sangre y decapitado.

Registran la casa de Thorgrim el Malo y descubren el anillo de Sigmund.

Para el Padre Barrientos (s.XV):

La primera especie que se hace y comete por manifiesta y expresa invocación de los malos espíritus, la cual pertenece a los nigrománticos y se llama prestigio, que quiere decir cerramiento por cuanto entonces se cierran los ojos de los nigrománticos por tal manera que no pueden conocer las ilusiones diabólicas que los malignos espíritus usan en tales actos. Y por cuanto si más plática de esta especie y de las otras a que se pusiese podría traer daño por cuanto sería dar causa de errar a los ignorantes que no lo entendiesen ni lo tomasen en el verdadero seso. Según se deje entender. El cual error soy cierto que acaecerá a tu señoría según la afección y devoción que tienes a la religión cristiana, pero por cuanto este tratado podrá venir a noticia de otros muchos, por tanto no cumple en esto mucho alargar.

Según el Malleus Malleficarum (s.XV):

En la brujería (prestigio), las brujas equivocan a los sentidos humanos por medio de ciertas apariciones, con el fin de hacer percibir las cosas ante los sentidos de la vista o el tacto de manera distinta a como son. Ahora bien, las brujas no se contentan con realizar estas prácticas únicamente en relación con las potencias genitales. Cuando dan la ilusión de una desaparición práctica aunque no real. Muchas veces han hecho desaparecer realmente la potencia genética, no pudiendo la mujer concebir como consecuencia de ella, ni realizar el hombre el acto carnal por no disponer de su miembro. De manera no ilusoria también han sido causa de abortos después de la concepción, ello unido a otros innumerables males. Por otra parte, con frecuencia aparecen bajo la forma de diversas fieras.

Tras leer todos estos datos observamos que las brujas tenían dos técnicas extáticas para sus viajes por medio de encantamientos: prestigio y sueño demoniaco. Veamos que dice el Malleus:

En cuanto al modo de transporte, resulta ser este: como se ha visto más arriba, las brujas, por instrucción del diablo, fabrican un ungüento con el cuerpo de los niños, sobre todo de aquellos a los que ellas dan muerte antes del bautismo; ungen con este ungüento una silla o un trozo de madera. Tan pronto como lo hacen se elevan por los aires, tanto de noche como de día, visible o invisiblemente, según su voluntad, porque el diablo puede ocultar un cuerpo interponiendo otro objeto, como se ha dicho más arriba en la primera parte tratando de los prestigios y las ilusiones del diablo. En verdad, por medio de este ungüento, realizado con el fin de privar a los niños de la gracia y de la salvación, el demonio actúa la mayor parte de las veces; empero parece que muchas veces ha realizado transportes semejantes sin su ayuda. A veces transporta a las brujas sobre animales que no son animales verdaderos, sino demonios que han adoptado su forma; o incluso ellas se transportan sin ninguna ayuda exterior, simplemente por el poder del diablo que actúa invisiblemente.

Las brujas efectivamente son transportadas a la vez corporal y fantásticamente, como aparece claro a partir de sus propias confesiones: no tanto de las de aquellas que han sido quemadas como las de aquellas que han vuelto a la fe y la penitencia. Entre éstas había una mujer, en la ciudad de Brisach; interrogada por nosotros, para saber si las brujas podían ser transportadas corporalmente o bien de una forma imaginativa y fantasmática, respondió que esto podía hacerse de dos maneras. Si en un caso no querían ser transportadas corporalmente, pero, no obstante querían saber todo cuanto había ocurrido en la asamblea de sus compañeras, empleaban el siguiente método: en el nombre de todos los demonios se acostaban para dormir sobre el lado izquierdo. Entonces salía de su boca un vapor glauco, a través del cual podían ver claramente cuanto ocurría. Por el contrario si ellas deseaban un transporte corporal, era necesario observar el método susodicho.

La técnica del sueño demoniaco (phantasmata demonum) era atribuída a las pitonisas (especie de médium), las cuales fueron asociadas por la Iglesia a las brujas. Las brujas (especialmente las del este de Europa y Oriente Medio) podían transformar en animales a otros humanos, haciéndoles tragar un hechizo escondido en algún alimento. En España esto se conoció como embrujar o hechizar.

Según la tradición popular sudamericana, toda persona tiene al nacer un espíritu animal llamado Nahual que le acompañará el resto de su vida protegiéndolo de los peligros, enseñándole y sirviéndole de guía y maestro. Otra de las creencias es que todo chamán o brujo que se entrene lo suficiente no solo obtendrá las cualidades de su Nahual, más aún, podrá tomar su forma física cuando lo desee. El objetivo sería aprovechar las ventajas del animal para cumplir sus deseos o realizar trabajos que con las limitaciones físicas del hombre no podrá llevar a cabo.

Fray Bernardino de Sahagún escribió a mediados del siglo XVI la “Historia general de las cosas de Nueva España”, en ella indica:

El Nahuali o mago, es aquél que asusta a los hombres y succiona la sangre de los niños durante la noche. Es muy hábil en la práctica de estas artes, conoce todas las artes de la hechicería (nauallotl) y las emplea con astucia y habilidad, pero solo para beneficio de los hombres, nunca para dañarlos. Aquellos que recurren a tales artes con intereses malignos, hieren el cuerpo de sus víctimas, los hacen perder la razón y los asfixian. Estos son hombres malvados, necromantes.

Una de las formas de reconocer a un Nahual es observar su mirada; cuando un perro, un pájaro o cualquier otro animal muestra una expresión de peculiar inteligencia en sus ojos, es muy probable que se trate de un brujo o chamán que ha adoptado la forma de su espíritu acompañante. Sin embargo no es frecuente que esto suceda, ya que de hacerlo con demasiada asiduidad, el brujo corre el riesgo de ir perdiendo paulatinamente su parte más humana, su inteligencia y su sensibilidad. Cuando esto ocurre, el brujo se va mostrando cada vez más taciturno y callado; habla de forma ininteligible, a menudo con gruñidos, come carne cruda, deambula por los bosques. Se asegura que algunos tienen la desgracia de perder contacto con lo humano y se ven obligados a pasar el resto de su vida bajo la forma animal, sin recordar que alguna vez fueron hombres.

Es importante resaltar aquí que Caro Baroja afirmaba que entre los licántropos hispanos se hallaban multitud de idiotas. Ya hemos visto que el lobo era uno de los animales favoritos de las brujas para transformarse. La leyenda actual del hombre lobo procede de esta transformación brujeril. De hecho desde al menos el siglo XVIII es considerada más una enfermedad mental que un arte mágica.

El DRAE 1726 se define la "manía lupina":

Cierta especie de melancolía, con el cual el que la padece suele salir de casa de noche y andar alrededor del lugar hasta el amanecer, en cuatro pies como los brutos y aullando como los lobos. Busca las sepulturas y saca y despedaza los cadáveres, y de día huye de los vivos. Algunos muerden como los perros.

El DRAE 1803 define la licantropía:

Vehemente imaginación de melancolía que enajena de sí al que la padece, con extraordinarios efectos.

Para comprender qué tipo de fuerza interna permitía a las brujas sus viajes y transformaciones, debemos recurrir a las sagas vikingas.

Hamr: En sentido propio “la piel”, es expresión de una creencia asombrosa, fuertemente arraigada en la mentalidad normánica. En los textos antiguos, es la forma interna, la que determina la apariencia externa. Pues bien, un hombre puede tener varias de esas formas; se dice entonces de él que “no tiene un solo hamr” (eigi einhamr), o que su hamr “es particulamente fuerte” (hamrammr, rammaukinn). Aquí se expresa la idea fundamental de que el hombre no está limitado a su cuerpo. En su Edda en prosa, Snorri Sturluson escribe del dios Odín, de quien ya conocemos sus relaciones con los muertos:

Odín cambiaba de forma. Entonces su cuerpo yacía como dormido o muerto, pero él era ave o cuadrúpedo, pez o serpiente, y en un abrir y cerrar de ojos iba a países lejanos.

Retengamos bien estas informaciones porque constituyen una verdadera suma. Evocan el cambio de forma, de hamr, la partida de éste mientras que el individuo cae en letargia, punto que recuerda el trance durante el cual el espíritu del chamán visita el otro mundo y entra en comunicación con los espíritus a los que interroga. La creencia es germánica, no únicamente nórdica, según muestra Pablo el Diácono (hacia 720-783), historiador lombardo y poeta en lengua latina:

Un día, en una cacería, el rey Guntramno se quedó dormido al pie de un árbol, con la cabeza apoyada sobre las rodillas de un fiel vasallo. Salió de su boca un animalito que intentó atravesar un arroyo cercano. El vasallo le hizo un puente con la espada, vio que el animal cruzaba y desaparecía en el agujero de una montaña, y al cabo de poco volvía a salir y se deslizaba en la boca del rey. Cuando Guntramno despertó, contó que le había parecido, cuando estaba dormido, que cruzaba un puente, entraba en una montaña y veía un tesoro. El vasallo le dijo lo que había visto. Guntramno hizo excavar cerca del agujero en que había desaparecido el animal y descubrió un tesoro.

Para quien conoce la facultad de evasión y de metamorfosis de la forma interna, es evidente que se trata aquí de uno de sus viajes, hamfor, es decir, “el viaje del hamr” y no un simple asunto legendario. Pablo el diácono relata otra anécdota que va en el mismo sentido y que muestra que la operación no carece de peligro:

Cuando Cuniberto, rey de los lombardos, delibera con su caballerizo mayor sobre la forma en que podría dar muerte a Aldo y Grauso, ve una mosca en la ventana. Saca el cuchillo para matarla, pero falla y únicamente le corta una pata. Aldo y Grauso acuden a la convocatoria del rey, pero se encuentran por el camino a un cojo al que le falta un pie. Les advierte de que Cuniberto quiere hacerlos matar, y entonces se refugian en una iglesia. Furioso al ver que se le escapan, Cuniberto les promete que conservarán la vida si le revelan el nombre del que lo ha traicionado. Aldo y Grauso cuentan su encuentro con el cojo y el rey comprende que la mosca a la que cortó la pata era un mal espíritu.

La última observación interpretativa no debe prestarse a malentendido: emana de un escritor cristiano para el que todas estas manifestaciones no pueden ser obra mas que del demonio. En realidad, no puede tratarse mas que de la “forma animal” de un hombre. Los textos normánicos confirman los riesgos corridos: Helgi Hiörvardsson mata de un golpe de chuzo al conde Franmar, que ha tomado la forma de un águila: “El jarl Franmar se había transformado en águila”. En otro poema de la Edda, Odín se jacta de conocer un conjuro terrible:

Si veo brujas cabalgar por los aires, hago de tal modo que se pierden, sin que vuelvan a encontrar su piel, sin que vuelvan a encontrar su espíritu.

Pero el cuerpo del que se ha separado la forma interna también corre peligro. He aquí cómo se relata la partida de las de los tres brujos fineses en la Saga de los jefes del Valle del Lago:

Ingimund ha perdido su amuleto y pide a los fineses que lo encuentren: “Se trata de una misión peligrosa [...], pero, ya que tú nos urges a hacerlo, queremos intentarlo. Ahora, tenemos que encerrarnos totalmente solos en una casa, y que nadie pronuncie nuestro nombre".

No respetar esa prohibición impediría el hamr reintegrarse a los cuerpos de los que ha salido, lo que designa el adjetivo hamstoli, literalmente “privado de su hamr”, es decir, “insensato, furioso”, o mejor todavía: “fuera de sí”. El Libro de la colonización de Islandia, que relata el mismo hecho, precisa: “Ingimund envió a Islandia, en busca de su amuleto, a dos fineses que tenían la facultad de cambiar de forma”. La locución “en un viaje de hamr” no deja lugar a dudas sobre el desarrollo de la operación: cada finés envía su forma interna a la isla de Tule. Una vez mas, el asunto no es legendario, sino que corresponde a una creencia. Sturla, en su redacción del Libro de la colonización de Islandia, cita a varios individuos que tienen este poder: Vékell, apodado “el de la forma interna muy fuerte”, lo que podemos traducir a nuestra lengua por “hombre lobo” (enn hamrammí), Odd de Hraunhöfn, Thorain Korni, Olaf Tvennumbruni y Dufthak.

En el caso de los últimos cuatro personajes, Sturla emplea la expresión: “Era muy fuerte su poder de cambiar de forma”; para otras dos personas, Lod y Thorkel, emplea una locución de igual sentido, que da una información suplementaria: el cambio de forma va acompañado de un aumento de fuerzas, del vigor de la forma interna. Así pues, el hombre dormido puede tomar otra imagen que lleva entonces una vida independiente. Cómo no evocar aquí la creencia en los hombres lobo, tan extendida en tierras germánicas y en Francia; demasiado a menudo se olvida que nuestro pueblo recogió la herencia de los invasores germánicos. En el siglo XII, ya no se comprende el fenómeno del hombre lobo y se cree, como María de Francia en el Lay del Bisclavret, que se trata de un hombre que se metamorfosea en lobo tras haberse quitado la ropa, y que no puede recobrar la forma humana si le quitan la ropa. La misma idea encontramos en el siglo XIII en Escandinavia: en la Saga de los Völsungar, la licantropía es atribuida a la brujería y a la magia, y por otra parte a una piel de lobo que los hombres lobo se ponen.

De hecho, este animal no es más que uno de los aspectos que puede adoptar el hamr para vagabundear a su antojo y, si ha dado pie a tantas leyendas, es por miedo que inspiraba diezmando los rebaños y atacando a veces al hombre. A menudo se han confundido dos tradiciones, la procedente de la Antigüedad clásica –y documentada por Heródoto, Plinio el Viejo, Virgilio, Ovidio, Petronio, san Agustín e Isidoro de Sevilla- y la propiamente germánica. En Inglaterra, Wulfstan habla del hombre lobo en uno de sus sermones, en el año 950; en el 1014, las Leyes de Canuto el Grande, y en 1114 el Quadripartitus, una compilación de leyes, citan esta creencia. Hacia el año mil, Buscardo de Worms hace lo mismo y, hacia 1210, Gervasio de Tilbury relaciona las metamorfosis con las lunaciones, refiriéndose a una tradición inglesa y a un testimonio de Alvernia. Las creencias populares debieron ciertamente su paso a la literatura culta a la existencia de la tradición procedente de la Antigüedad, que les sirvió de aval. El Libro de la colonización de Islandia nos proporciona algunos datos precisos sobre individuos que disponían de varias formas, y hay que citar el extraordinario combate de Storolf y Dufthak:

Dufthak de Dufthakshot [...] tenía con gran fuerza la facultad de cambiar de forma, igual que Storolf, hijo de Hoeng; vivía en Hvall. Tuvieron diferencias sobre una cuestión de pastos. Una tarde, hacia la puesta del sol, un hombre dotado de segunda vista vio que salía un gran oso de Hvall y un toro de Dufthaksholt. Se encontraron en el Campo de Storolf, entablaron furiosamente el combate, y venció el oso. A la mañana siguiente, vieron que en el pequeño valle en el que se habían enfrentado era como si la tierra estuviese volteada [...] Estaban heridos los dos.

Es claro que los protagonistas se enfrentan aquí en su forma animal, lo que refuerza la indicación del momento, “la tarde, hacia la puesta del sol”, que hace pensar en la expresión francesa: entre chien et loup, donde también encontramos la idea de metamorfosis al caer la noche. En este pasaje del Libro de Sturla, las formas (hamir) de los dos hombres no son visibles más que para aquel que posee el don de segunda visión, rasgo que recuerda al buco ensangrentado que Njall no puede percibir. Un segundo ejemplo da una explicación casi demasiado racional de la forma en que se revela la posesión de varias formas:

Odd permanecía habitualmente cerca del fuego, era un poco retrasado y lo llamaban Kolbitr (Mascador de carbón). Arngeir, su padre, y Thorgils, su hermano, salieron de su casa por una tormenta de nieve, para buscar ganado, y no regresaron a la casa. Odd fue a buscarlos y los encontró muertos a los dos: los había matado un oso blanco y los estaba devorando cuando apareció Odd. Éste mató al oso y lo llevó a casa, y dicen que se lo comió entero, diciendo que había vengado a su padre y a su hermano al matar al oso y comérselo.

A partir de ese momento, Odd fue malo y difícil de tratar. Tenía tal poder de cambiar de forma que un atardecer salió de su casa en el Hranhöfn, y llegó a la mañana siguiente a Thjorsardal –¡lugares separados por 400 kms!- para socorrer a su hermana, a quien quería lapidar hasta la muerte la gente de Thjorsardal por brujería y magia.

Sturla parece querer indicar que hay una estrecha relación entre la ingestión de carne de oso y el descubrimiento de las propiedades y dominio del hamr, cosa que se traduce también por un cambio de carácter. Como el oso se ha comido al padre y al hermano de Odd, éste queda investido de la fuerza de aquéllos y ciertamente de su principio vital, y de ahí el aumento del vigor de su forma interna (hamrammr). Un último ejemplo confirma las posibilidades de acción de ésta:

Lodmund poseía en sumo grado la facultad de cambiar de forma y era un gran brujo. Echó por la borda, al mar, los montantes de su asiento alto y afirmó que viviría allí donde fuesen a tocar tierra [...]. Colonizó el Fiordo de Lodmund y allí habitó aquel invierno. Se enteró entonces de que los montantes de su asiento alto se encontraban en el sur del país; montó en su barco todo su equipo y, cuando se izó la vela, se acostó y ordenó que nadie tuviese la audacia de pronunciar su nombre, porque su forma interna se escapa de él según su deseo. Estaba echado desde hacía poco cuando se produjo un gran estruendo; vieron entonces que caía un gran alud sobre la granja en la que había vivido Lodmund. A continuación éste se sentó y tomó la palabra: “La suerte que echo es que jamás atracará sano y salvo barco alguno que single por aquí.

El texto no explica por qué envía Lodmund su hamr a provocar el alud que destruye su antigua granja. Sin duda quiere que nadie la ocupe, cosa que confirma la maldición que profiere. Es instructivo, por otra parte, comparar este pasaje del Libro de Sturla con el del libro de Haukr Erlendsson: la expresión “poseía en sumo grado la facultad de cambiar de forma” ha desaparecido y la sustituye: “Era muy versado en brujería”. La perspectiva ha cambiado y Erlendsson atribuye a la brujería, es decir, a un arte, una cualidad adquirida, el poder de Lodmund, y suprime así un importante testimonio de las antiguas creencias.

Como reflejo que acompaña al hombre, como principio dinámico o como forma interna, el alma es independiente: sigue al individuo, se presta a él para que la utilice, determina su persona. Es una emanación del mundo invisible, cosa que refleja bien el derivado de hamr hamingja, que corresponde al latín fortuna y que significa actualmente “felicidad”. Es la prueba de que ninguna frontera separa lo real y el más allá. Una fuerza se instala en el hombre. La clave de las concepciones paganas parece ser hugr: el spiritus o el animus se evade, cambia de forma y parte a la aventura. Pensamos aquí en una frase que aparece a menudo en la literatura alemana de la Edad Media cuando se trata de hadas: “Allí donde quiero estar, allí estoy”, palabras que pronuncia la amante de Peter von Staufenberg. En Francia, en el Lay de Lanval, la amiga del héroe dice poco más o menos lo mismo:

Cuando me queráis hablar, no puedo pensar ningún lugar de aquellos en los que uno puede recibir a su amiga sin bajeza y sin ofensa en el que no me presente yo a vos, dispuesta a complaceros.

Llamada por el pensamiento y el deseo de Lanval, el hada puede franquear instantáneamente las distancias y aparecerse a su amigo; nadie más la verá. Se objetará que el Lay de María de Francia utiliza tradiciones célticas, pero eso no excluye, a nuestro entender, una influencia germánica si se conocen las relaciones entre los germanos y los celtas hasta el siglo XI, y de la que dan fe la historia y la mitología de los dos pueblos. Por ejemplo: de los primeros colonizadores de Islandia, unos cincuenta largos eran celtas o celtizados, nos dice el Landnámabok, y de ahí, ciertamente, una importante mezcla de culturas. Además, las incesantes incursiones de los escandinavos a Irlanda y su instalación en las islas Orcadas y Shetland favorecieron los intercambios. Se puede considerar otra hipótesis, la de un fondo común indoeuropeo; el estudio está por hacer.

Tempestarios: Son una clase de brujos que con encantamientos se encargan de provocar nublados, huracanes y otros efectos meteorológicos. A menudo los campesinos se veían forzados a pagarles para evitar que el aguacero cayese en sus tierras. Hoy en día, nos han llegado dos nombres por el diccionario que han sobrevivido a lo largo de los siglos: el lobero y el espantanublados. Eran hombres que andaban con hábitos largos por los lugares, pidiendo de puerta en puerta. Se creía que tenían poder sobre los nublados.

El DRAE 1732 define al espantanublados como a un pícaro grotesco:

El que anda vestido de hábitos largos, mal trajeado a manera de estudiantón o clerizonte, pidiendo limosna de puerta en puerta, y de lugar en lugar: el cual entre la gente rústica está reputado como nigromántico, y que levanta tempestades y nublados. Es voz jocosa.

En el Imperio romano y en el occidente europeo medieval, el nombre más usado fue el de tempestario, pertenecían a la familia de los maléficos. En España han sobrevivido multitud de nombres por la mitología: nubero, esculer, negrumante, estruleque, escoler (proviene de escolar, porque eran estudiantes de nigromancia), tempestario, etc. También con estos nombres se hacía referencia a un tipo de genios que vivían en las nubes que podían provocar estos efectos. En la Península Ibérica solo es cultivable el 30% de la tierra, no es raro por ello que existan leyendas favorecidas por la necesidad agrícola. En varios concilios visigóticos son condenados aquellos que se dedican a estos menesteres. Las brujas también podían dominar nublados.

En el año 1926, un curioso y casual hallazgo aportó más datos sobre la antigüedad de los conjuros para protegerse del nublado. En la localidad de Carrio (concejo de Villayón), en el occidente astur, se encontró un fragmento de pizarra con un exconjuro godo grabado en una de sus caras cuya datación se situó en torno al 650 d. C., mezclándose en el texto elementos cristianos con otros claramente paganos. Su contenido es una invocación a la protección celestial de siete ángeles para preservar a los hombres, animales y sembrados de la agresión que pueda suponer cualquier contratiempo atmosférico. Aparecían los nombres de Miguel, Gabriel, Rafael, Ámenle, Uriel..., así como la representación del signo mágico de Salomón (signo éste que en el Comentario del Apocalipsis del Beato de Liébana se condenaba por considerarlo propio de encantamientos). Estos exconjuros requerían de un brujo, ensalmador o sacerdote para ser llevados convenientemente a la práctica.

Para luchar contra estas tormentas había cantidad de métodos supersticiosos: escribir fórmulas mágicas en papeles y enterrarlos, recitar oraciones (la más famosa la de Santa Bárbara) o conjuros, tocar las campanas, que el clérigo rece en la iglesia, lectura de grimorios, erección de cruces en las tierras, uso de amuletos, contratación de magos profesionales, etc. San Isidoro comenta que el ceraunio que se producía en las costas de Lusitania, cuyo color era similar al del carbunclo, servía para defenderse de los rayos. Solino habla de estas piedras casi con las mismas palabras que San Isidoro: en las costas de Lusitania existe en gran cantidad una piedra preciosa, llamada ceraunio, superior a la de la India; es de color carbunclo y su cualidad experiméntase con la luz, pues resiste a la acción de ésta. Dícese que tiene virtud contra el rayo.

En las zonas rurales muchos clérigos estaban especializados en la lucha contra el pedrisco, incluso en el siglo XX existían algunos de ellos. Pero a los tempestarios no se les acusó únicamente de encantar los elementos, también de robar las cosechas. En un documento eclesial medieval de Agobardo titulado De grandine et tonitruis:

Yo mismo he visto y oído a muchas de estas personas tan locas y hasta tal punto idiotizadas que creen y sostienen que hay un país llamado Magonia, de donde vienen naves a través de las nubes; recogen el trigo y demás cereales tundidos y segados por el granizo y la tormenta y los cargan en dichas naves; después de pagar a los tempestarios, los marineros del aire vuelven a la misma región. Un día vi a muchos de estos estúpidos papanatas presentar ante un grupo de gentes cuatro personas encandenadas, tres hombres y una mujer, que habrían caído precisamente de tales naves. Después de tenerlos en cepos algunos días, al final, reunida alguna gente, los trajeron a mi presencia, como he dicho, para lapidarlos.

Como curiosidad, decir que en avistamientos actuales de OVNIS, se han dado casos similares a los descritos por Agobardo. Antiguamente serían barcos volantes, hoy son naves espaciales, mismo perro con distinto collar.

Durante la Roma republicana, se castigaba gravemente a la persona que robase las cosechas de su vecino mediante procedimientos mágicos. La disposición ha llegado a nosotros fragmentariamente, si bien existen otros testimonios que confirman su inclusión en dicha legislación:

Qui fruges excantassit... neve alienam segetem pellexeteris (“Quien se proponga excantar mieses... y no se ejerza ningún encantamiento sobre las mieses ajenas).

La ley, como da a indicar el verbo excantare (hacer desparecer por un encantamiento), castigaba, pues, a quien valiéndose de magia hacía pasar la cosecha del vecino a su propio dominio. El “procedimiento” utilizado por los magos para robar la cosecha es desconocido; los antiguos creían que éstos eran capaces de transportar en masa y verticalmente, de una tierra a otra, los vegetales ya plantados pero son pocos los que precisan la técnica empleada.

Para Virgilio este robo obedecía al consumo de ciertas hierbas; según Tupet, del texto podría desprenderse que, por un fenómeno de alucinación, el dueño del campo creía ver desaparecer su cosecha y prosperar la del vecino:

Estas hierbas y estos venenos cogidos en el Ponto me los dio Meris mismo (nacen muy abundantes en el Ponto). Con éstas he visto muchas veces a Meris convertirse en lobo y esconderse en los bosques, sacar muchas veces las almas de los sepulcros profundos y cambiar a otro sitio las mieses sembradas.

Plinio ofrece, en este sentido, otro dato de interés:

Según una ley del campo, en la mayor parte de los dominios itálicos, se toman medidas para que las mujeres no vayan por los caminos haciendo girar los husos o que no los lleven completamente descubiertos porque ello se opone a la esperanza de todo y principalmente de las cosechas.

El fusus puede referirse tanto al instrumento utilizado para hilar la lana (huso) como a un rombo u objeto parecido, utilizado muy habitualmente en prácticas mágicas. El propio Plinio recoge el caso del liberto C. Furio Crésimo quien, sospechoso de practicar la magia de las mieses, tuvo que mostrar su utillaje y mano de obra para justificar unos mayores beneficios que sus vecinos. Estas mismas creencias llegaron a la Edad Media, en la que se creía que era cosa de brujería.

Es en el siglo XII cuando empiezan a aparecer grabados en las campanas de determinados conjuros contra el granizo, la peste, los rayos y otras calamidades por el estilo. Era habitual que al menor indicio de tormenta se volteasen para “espantarla”. Así se estuvo haciendo durante siglos y así lo recomendaban hacer algunos prestigiosos hombres de la Iglesia hasta que una sentencia del Tribunal Supremo de 6 de marzo de 1905 prohibió en España “por razones de seguridad” tocar las campanas porque se creía que el efecto causado era el contrario: se favorecía el desarrollo de estas tormentas. Esta sentencia se refería al pleito que interpuso el Ayuntamiento de Cassá de la Selva (Gerona).

El rey San Fernando (siglo XIII) ordenó traducir al castellano el Fuero juzgo visigodo, allí se habla de un tipo de maléfico o encantador con poder sobre el pedrisco y otras maldades:

Los proviceros, o los que hacen caer la piedra en las viñas o en las mieses, hablan con los diablos (provizos) y turban las voluntades de los hombres, hacen cercos de noche y sacrifican a los diablos.

Estos proviceros –dice el códice- también eran consultados junto a los adivinos, sorteros y encantadores para ver si una persona viviría o no. Por sus funciones, el provicero es un claro nigromante. Obsérvese que negrumante era el nombre que recibía en Galicia el nubero. La palabra provicero ha subsistido en el portugués y se lo define como “hechicero”, en Galicia el proviso es un trasno (especie de trasgo campestre). Por sus hechos los conocerás: el provicero es otro nombre dado para el negrumante.

En sus Partidas, Alfonso X (siglo XIII) ataca a los magos en general, aunque con alguna excepción:

Pero los que hiciesen encantamientos u otras cosas con intención buena, así como sacar demonios de los cuerpos de los hombres o para desligar a los que fuesen marido o mujer que no pudiesen convenir o para desatar nube que echase granizo o niebla para que no corrompiese los frutos o para matar langosta o pulgón que daña el pan o el vino o por alguna otra razón provechosa semejante a éstas, no debe haber pena, antes decimos que debe recibir gualardón por ello.

Pedro de Ciruelo comenta en 1538:

Y dado caso que por nuestros pecados alguna vez al cabo de muchos años permita Dios que los diablos trayan nublados y tempestades a nuestra tierra, aquello es por maleficio de algún nigromántico que hace cerco e invoca los diablos para hacer mal y daño en algún lugar; y aún algunas veces lo hacen los diablos por mandato de Dios, que está airado contra algún pueblo, y envía sobre él aquellos alguaciles del infierno para lo castigar en los fructos de la tierra, porque le han ofendido en grandes pecados, especialmente, en los pecados que tocan a Dios en la honra.

Había otro tipo de magos no especializados que resultaban eficaces para dominar estos nublados. Pedro de Ciruelo arremetía también contra los saludadores, que decían tener poder sobre los nublados. Los saludadores eran una especie de curanderos itinerantes expertos en quitar algunas enfermedades o maleficios. Queda claro el carácter errabundo de este tipo de hechiceros.

De nuevo Pedro de Ciruelo:

Los nigrománticos hacen creer a la simple gente que los diablos engendran el nublado, el granizo y el pedrisco y toda la tempestad de truenos, relámpagos y rayos, y que en aquellas nubes vienen los diablos y que es menester conjurarlos para echarlos de sobre la ciudad y lugar de sus términos, pues para este caso ellos han ordenado ciertos conjuros y dicen que con ellos harán de huir de allí a los diablos con sus nublados y les harán echar el granizo y piedra a otro cabo donde ellos quisiesen.

Antonio de Torquemada, en su Jardín de flores curiosas (1570), sitúa a los genios atmosféricos en el primer lugar del escalafón diabólico. Los describe diciendo que están en el medio del aire y de allí abajo hasta la tierra, siendo los que algunas veces

mueven los vientos con mayor furia de la acostumbrada, los que congelan las espantosas nubes fuera del tiempo, los que hacen venir el trueno, rayos, relámpagos y granizos y apedrean los panes y viñas y frutos de la tierra, y de esto se aprovechan los nigrománticos cuando quieren hacer estos daños.

Nos dice Alonso Garrote que para el “pueblo maldito” de los Maragatos, a estos genios se les denomina “reñubeiros”, y se los define como

Brujo o personaje fantástico que las gentes sencillas pretenden haber visto caer de las nubes y tomar forma humana en tiempo de tormentas, con objeto de hacer mal de ojo y ser portador de calamidades para las personas y los sembrados.

Los “tronantes-nubeiros-bruxos”, en cambio, son considerados hombres y mujeres de carne y hueso que emplean diversos métodos para provocar las tormentas. Según el testimonio de uno de ellos en un proceso inquisitorial, primero necesitan subirse a la nube: esto lo hacen en una “polvoriña” (la forman amontonando un poco de polvo del camino y orinando sobre él, y en el remolino que se forme sube el nubeiro) o en una “fumeira” (la hacen en el agujero de un topo). Una vez subidos en la nube, la dirigen libremente donde les apetece descargarla.

En pleno siglo XX, el historiador y trotamundos Juan G. Atienza asegura haber conocido a un anciano errante en la provincia de Logroño, que se definía como nubero, decía que espantaba nublados por medio de oraciones. En Somiedo, Cangas de Tineo, San Antolín de Ibias y para los vaqueiros de Alzada, al nuberu se le bautiza con el nombre de “renubeiru” y se le representa como un hombre chamuscado que vive en compañía de brujas. Baja por la chimenea y éstas, entonces, lo interrogan:

-Y qué, ¿apedreaste mucho?
-Sí, todo lo apedrei, menos un lado, porque allí salió una vieja con la pala del horno y ya no pude.

El vaqueiro de Alzada designa también a los renubeirus como “escolares” (también ocurre en las localidades asturianas de San Martín de Luiña, Pola de Allande y Grandas de Salime), y el “escolar” no es más que el aprendiz de brujo, el principiante que aspira a ser un auténtico nuberu y dicen que es de pequeña estatura. En algunos relatos se suele atribuir a las almas en pena las tempestadades, pero la verdad es que son los menos.

El investigador Ramón Sordo Sotres recoge en Cabrales una historia referida a unos extraños personajes –llamados gurmantes- que entraron en una torca para atrapar a un cuélebre. Cuando entraron mandaron a la gente esconder el ganado porque les dijeron que provocarían una granizada. Al final lograron sacar al cuélebre amarrado a los cordones de los zapatos. A Álvarez Peña le contaron en Piloña que los gurmantes o grumantes (procedente de nigromante) eran unos paisanos que iban vestidos de negro y conjuraban la tempestad valiéndose de unos libros.

Por esas épocas surgió una oscura figura que era la del “conjurador de tormentas”, al que se pagaba con dinero o en especie para que provocase –o no- una tormenta, sabiendo el vulgacho que, gracias a sus poderes, debía estar confabulado con los demonios de las nubes. Era importante distinguir la causa que producía el trueno y la tormenta: si el culpable resultaba ser un brujo que invocaba al tronante o al nubeiro, se le imponía como castigo andar durante años a cuatro patas o caminar desnudos en las procesiones. En cuanto a los escoleres, poseían también los conocimientos suficientes como para alejar al trueno, al rayo y a la tempestad y en tiempos hasta se les pagaba un tributo (a un vecino de Prexegueiro se le pagó medio ferrado de grano o media olla de vino, que cobraba al año).

Para protegerse de los temporales en las Hurdes se recitaban, hasta no hace mucho, oraciones como esta:

Tormentas hay en el cielo las manda su Majestad; líbrenos la cruz del cielo, y la virgen del consuelo y la Santa Trinidad.

Y si este no causaba efecto enviando relámpagos y pedriscos a otros lares se cantaba a “San Bertol”, que así se conocía en las Hurdes a San Bartolomé con un cántico singular:

Yo te daré un don, que donde sea yo mentado, non caiga piedra ni rayo nin pastor sea quebrantado nin se aflijan sus ganados.

A pesar de que la ciencia nos diga que estos son chispas eléctricas de gran intensidad producidas entre dos nubes y el suelo, para la voz popular no son sino creaciones de los maléficos amorachinis, pequeños genios, algunos con aspectos de bebés, que juegan sobre las negras nubes de las tormentas y forjan a cincel las afiladas saetas luminosas que pueden hacer desgraciado a cualquiera si le caen encima una mala noche. Dicen que solamente tenían un ojo, pero que era dotado de una puntería que bien podían incendiar una casa con su lanzamiento certero del rayo, o partir en dos a un solitario pastor. Recuerda demasiado al mito de Hefesto y los cíclopes, sobre todo porque cuenta la leyenda en la que los amorachinis fabrican sus rayos en un monte denominado “El volcán”.

Como última curiosidad, Marco Polo (siglo XIII) relata la existencia de bandidos que asaltaban a los viajeros aprovechando una niebla densa, creada por ellos mismos valiéndose de encantamientos.

Loberos: Según el diccionario, el lobero tenía poder en los nublados. Sin embargo –y como su nombre indica- a través de las leyendas, mitos e incluso la propia historia, el lobero era un brujo capaz de encantar lobos y amenazar con ellos en caso de necesidad a los pastores. Es posible que realizase ambas funciones (como el saludador), pues además su carácter errante favorece esta hipótesis. El escolar (estudiante de nigromancia que provocaba nublados) también atrae lobos y sapos en las tierras de sus víctimas según Constantino Cabal. El lobero castellano es similar al llobero asturiano.

El encantador de lobos (encortador de llops) catalán es un brujo con poder para dominar a los lobos, que ejercía si los campesinos no le pagaban. Su oponente eran los oracionaires, cuyo poder era conjurar la amenaza del encortador. En Burbudín, pueblo del concejo de Llanes, Asturias, Sordo Sotres recogió la leyenda de un hombre criado por lobos y a los que estos obedecían, mandándoles atacar a los campesinos que no le daban lo que quería. Allí se le denomina lloberu, lobero y es similar al Pare llop.

Pare llop o padre lobo es una especie de hombre-lobo del Levante español, que vive en lo más intrincado del bosque dirigiendo jaurías de lobos que lanza contra aquellos que no le ayudan. Los encantadores de lobos cobraban una cantidad a los campesinos para asegurarles de que los lobos no atacarían sus rebaños. Contra sus maldades, los campesinos invocaban a Sant Llop, santo inexistente que, según la leyenda, fue un pastor que tenía el poder de ahuyentar a los lobos. Pero además de contra los lobos protege de los males de la garganta que suele producir el Pare llop, pues los campesinos creían que los lobos tenían el poder de hacer perder la voz a los pastores que cuidaban los rebaños, para que no pudieran pedir ayuda, de ahí que se dijera a los que estaban afónicos si es que habían visto a los lobos. Esta era la oración que rezaban los que padecían alguna afección de garganta:

Puix la real descendencia us obliga a esser piadós guardeu-nos, sant Llop gloriós, de mal de coll i d’esquinència.

Su festividad se celebraba el 1 de septiembre. Igualmente los campesinos rezaban la oración llamada "Padrenuestro del lobo", que dice así:

Parenostre del llop. Nuestro señor e Mossén Pere se n’anaven per llur camí en encontraren lu lop lobas:
-E on vas, Lop Lobas? Se dix Nostre Senyor.
-Vau a la casa de aital menjar la carn i beaure la sang de aital.
-No ho faces, Llop Lobase dix Nostre Senyor.
-Ves-te’n per les pastures,
-Menjar les herbes menudes; Ves-te’n per les muntanyes, Menjar les herbes salvatges, Ves-te’n a mitja mar, que ací pugues res demandar.

También, y para prevenir el mal de ojo de las brujas y de los diablos durante un año, los campesinos preparaban una especie de pasteles, que allí llaman cocas, de forma triangular, hechas con harina de trigo, cebada, avena, tres huevos y tres cucharadas de sal, que reciben el nombre de “panellets de San Llop”. Estos panecillos se los daban a los pobres de los caminos con lo que toda la familia quedaba libre de maleficios durante un año.

El caso de la lobera Ana García, procesada en 1648 por la Inquisición es histórico. Era una vagabunda que tenía vida licenciosa con los pastores que encontraba. Según dijo en el proceso, un día una hechicera le enseñó a invocar lobos a cambio de pactar con el demonio. Aprendió a hacer un cerco y silbar para atraer lobos. Desde entonces a los propietarios de tierras que la trataban mal les mandaba lobos para atacar sus ganados. Es el único caso de este tipo tratado por la Inquisición en España. Por ello, finalmente salió libre con penas leves.

Me da la sensación de que el lobero es uno de esos brujos que aunque no aparezcan apenas en los escritos, tuvo que ser extraordinariamente frecuente en España. Un país de gran tradición pastoril favorecido por su geografía. En la práctica solo serían problemáticos en raros casos, pues los pastores los conocerían bien y no les buscarían las cosquillas. Pero incluso aunque se las buscaran, es un delito difícil de probar o pillar “in fraganti”. Serían “pobres diablos” que se conformaban con unas pocas viandas para seguir tirando. Las víctimas principales de los inquisidores españoles no eran los loberos, sino los judaizantes, moriscos y demás herejes.

La legislación francesa, hasta el siglo XIX, a tratado a los pastores como presuntos, o por lo menos sospechosos de hechicería, dado que las simples amenazas de su parte son castigadas con penas reservadas, en cualquier otro caso, para las violencias mortíferas. ¿No es esto suponer que sus solas palabras llevan en sí mismo una eficacia malhechora? Esta ley data de 1751, y aunque ha caído en desuso, no estaba formalmente derogada en el siglo XIX. En 1689, los pastores de Brie hicieron perecer los animales de sus vecinos, administrándoles drogas, en las que habían echado agua bendita, recitando conjuros mágicos. Perseguidos como hechiceros, fueron condenados como envenenadores: se reconoció que la base de las drogas era el arsénico.




Masca: El término hace referencia a "bruja, alcahueta" "tiznar" "máscara". Según el historiador Franco Cardini "mascae"="striges".

Mas interesante es egisgrimolt, en inglés antiguo egisgrima, que es traducción de larva y de masca, es decir, “bruja”. Es una palabra compuesta cuyo determinante traduce el espanto (egis) y cuyo determinado traduce una metáfora por “noche”. Egisgrimolt y egisgrima pueden traducirse por “aparición terrorífica”. Si relacionamos grimolt y grima con el inglés moderno grime, “hollín”, y con el medio bajo alemán grimet “rayado de negro”, el aspecto del personaje que se oculta detrás de la palabra recuerda lo que dice Tácito de la tribu germánica de los Harii: aquella gente se pintaba el cuerpo de negro y llevaban escudos negros para aterrorizar a sus enemigos haciéndoles creer que eran un ejército de muertos.

Los aparecidos van siendo relegados poco a poco al ámbito de la brujería, y ya en el siglo XI, al otro lado del Rin, hay una glosa que comenta así el término larvae: “Llamamos larvas a las sombras o demonios hechos de hombres, es decir, aparecidos” (señalemos de paso que en inglés antiguo existe todavía gedwimor, que designa a los fantasmas; las glosas lo dan para los lemas latinos fantasma, fantasia, nebulo y necromantia), y la traducción propuesta es dalamascha, donde volvemos a encontrar masca, “bruja”. Dala, también documentado en la forma cala e incluso tala, ha resistido hasta aquí toda elucidación, y las interpretaciones hasta ahora propuestas son menos que poco fiables.

En el primer registro, scrat (gritón) traduce la noción de difunto maléfico y aparecido (larva, monstrum), acepciones a las que, del siglo IX al X, se añade la noción de máscara, masca –vocablo que significa también “bruja”- y thalamasca. Este último término es revelador de la naturaleza profunda del gritón: gracias a Ingemar de Reims (m.882), sabemos que thalamasca designa una especie de máscara que se llevaba en unas mascaradas que se celebraban en los aniversarios de los difuntos.

Larvas: Tiene multitud de significados en latín:

-Fantasma, espectro.
-Máscara de fantasma.
-Esqueleto.
-Voz injuriosa.
-Larvarum plenus: furioso, presa del delirio.
-Larvalis (adj): espectral.
-Larvonare: Embrujar, hechizar.

Comenta el diccionario latino que se compare "larva" con "lar". Larvado en español significa "disfrazado". El DRAE de 1803 dice que larva es también una máscara o disfraz. Los lunáticos son personas poseídas por larvas (larvaciti o posesos), dichas larvas consideran al poseído como su hogar. Para Apuleyo las larvas (almas de los hombres perversos) no tenían morada. Manía era la madre de las larvas, se trata de un espíritu loco. En las glosas medievales draugr equivale a larva.

San Isidoro decía que la gente suele llamar lunáticos a los epilépticos porque el ataque de los demonios insidiosos estaba relacionado con el curso de la luna. Se los denomina también “larvaciti”. La epilepsia se produce en la fantasía del cerebro. Actualmente lunático es un loco que muestra su demencia a intervalos. Los romanos tenían en sus casas máscaras que representaban los antepasados de la familia.

Según San Agustín:

“dicen los platónicos que las almas de los hombres son demonios, y que de los hombres se hacen lares, si tienen buenos méritos; lemures o larvas, si los tienen malos; y, en cambio, se hacen manes si es incierto tengan buenos o malos méritos.”

San Isidoro decía de las larvas:

Son los demonios que inicialmente eran hombres y se convirtieron en demonios por sus maldades. Cuentan que su cometido es aterrorizar a los niños y aullar por los rincones tenebrosos. Hay quien piensa que provocan la epilepsia.

Para los romanos, los lares eran los espíritus benévolos de la familia, que encantaban y protegían el domus o casa de la familia y las larvas que eran las almas sin descanso terroríficas de los hombres malvados. Pero la idea más corriente era creer que larva y lemur eran sinónimos. Según algunos clérigos medievales, lemur es un lar que posee un cadáver, pero también los definen como demonios nocturnos. Lemur y larva tomaron el mismo significado en la Edad media.

La iglesia llamaba larva al draugr (si bien en algunos textos religiosos medievales draugr es sustituído por troll). Mania era la madre de las larvas, se trataba de un espíritu loco, manía equivale a larva. En otros casos la iglesia llamaba íncubos o ephialtes a las larvas.

Sorguiñas: En vascuence es literalmente "partera, comadrona". Fueron comunes en el País Vasco y Aragón (jorguinas/jorguín). Ya en el Fuero Juzgo visigodo (s.VII) se condena enérgicamente a las parteras que provocan abortos mediante yerbas.

El Malleus Malleficarum (s.XV) afirma claramente que muchas parteras eran brujas:

Pruébase aquí la proposición por cuatro horrendos actos realizados sobre niños que todavía se encontraban en el seno de sus madres o que habían nacido ya. Puesto que las mujeres son preferidas por los demonios para asociarlas a sus acciones y no ocurre así con los varones, por ello el ángel homicida procura asociarse más con las mujeres que con los hombres.

He aquí cuales son estas obras: más los canonistas que los teólogos, tratando del impedimento maléfico, dicen que no solamente hay maleficio para que alguno sea incapaz de cumplir el acto carnal; sino también para que la mujer no conciba, o si ha concebido para que aborte. Añaden una tercera y cuarta manera de actuar las brujas: cuando no triunfan en el aborto, o bien devoran al niño o le convierten en ofrenda al demonio. Las dos primeras maneras de actuar no ofrecen duda puesto que el hombre, sin la ayuda de los demonios y por medio de cosas naturales como las hierbas y otras cosas, puede hacer que la mujer no pueda engendrar o incluso concebir.

Respecto de las otras dos, conviene establecer que pueden también provenir de los demonios; no tendremos necesidad de argumentar mucho, allí donde una serie de experiencias hacen la cosa más creíble.

En cuanto al primer punto: algunas brujas, yendo contra la inclinación de la humana naturaleza, e incluso contra la de todas las bestias, exceptuando únicamente a la loba, tienen el hábito de despedazar y comer niños. A este respecto el Inquisidor de Como, ha relatado lo siguiente: para un asunto de este género fue llamado a hacer inquisición por los habitantes del Condado de Burbia. Un hombre había visto desaparecer un niño de su cuna; habiendo sorprendido una asamblea de mujeres en la noche, había jurado haberlas visto matando al niño y bebiendo su sangre. También por ello en un solo año, el año anterior, el Inquisidor dice haber entregado al fuego cuarenta y una brujas, habiendo huído algunas al territorio del Archiduque de Austria Segismundo. Para confirmar esto tenemos algunos textos de Juan Nider en su "Fornicario". El recuerdo del libro y de lo que en él cuenta existe todavía, por lo cual estas cosas no son juzgadas increíbles a pesar de su apariencia.

Nosotros añadimos que en este dominio son preferentemente las parteras las que causan mayores daños, como nos han contado a nosotros mismos y a otros, brujas arrepentidas, diciendo: nadie perjudica más a la fe católica que las comadronas. Efectivamente cuando no matan al niño, entonces, obedeciendo a otro designio lo sacan fuera de la habitación, lo levantan en el aire y lo ofrecen al demonio.

No será preciso volver sobre ello; pero nos queda antes una cuestión a dilucidar: la de la permisión divina. Hemos dicho al comienzo que hay tres cosas que concurren al acto maléfico: el diablo, la bruja y la permisión divina.


Se pensaba que las brujas eligen a los hijos de sus enemigos para consumar su venganza. Esta idea se repite con especial consistencia en varios procesos aragoneses contra comadronas. Cuando las relaciones de los padres con estas mujeres resultan excepcionales se acusa a la partera de prácticas concretas que pudieran tener relación con su responsabilidad en el fallecimiento.


En realidad, la sorgina es una ninfa, un personaje del folklore que espanta caminantes, secuestra niños... una especie de hada mala. Su relación con la diosa Mari es estrecha. En algunas comarcas del País Vasco llaman songuina a la lamia (ninfa). Habitualmente se les achaca la construcción de megalitos a nivel local.

Como personajes históricos, las y los "sorginak" se reunían las noches de los viernes en una campa llamada frecuentemente "akelarre" (campa del chivo) o "eperlanda" (prado de la perdiz) para celebrar rituales mágico-eróticos, que han pasado a la historia debido a la cruel persecución con que la Inquisición cristiana sometió a sus participantes.

En las actas inquisitoriales, las sorguiñas fueron acusadas habitualmente de:

-Metamorfosis.
-Vampirismo.
-Antropofagia.
-Culto al demonio.
-Maleficios contra personas, campos y bestias.
-Crear tempestades.
-Necrofagia.