domingo, 9 de octubre de 2011

Encantadores II: Pitonisas

La pitia eran una clase de adivina que presagiaba por medio de un estado de trance en el cual un dios u otros entes divinos tomaban posesión de su mente. Por el contrario las pitonisas eran encantadoras que se dejaban poseer por un difunto o demonio maligno. Esta técnica empleada por las pitonisas (o mediums) eran denominada por la Iglesia phantasmata demonum (sueño demoniaco).

Pitias y Pitonisas: Entre todos los dioses griegos, el que asume un papel más sobresaliente en la adivinación intuitiva fue indudablemente Apolo, cuyo santuario de Delfos se convirtió ya a partir del siglo VIII a. C. en el principal centro de culto y de profecía de todo el mundo griego, incluso con atracción suficiente para convocar en su oráculo a políticos y ciudades extranjeras. Apolo no fue el primero en instalarse en Delfos. Según Esquilo, Apolo llegó pacíficamente a Delfos, donde recibió como regalo la posesión del oráculo de manos de Febe, quien a su vez la había heredado de Temis y ésta de Gea. Pero se trata de una versión un tanto edulcorada, claramente de inspiración proateniense, pues presenta a Apolo recorriendo un itinerario que desde Delos le conduce hasta Delfos pasando por Atenas, cuyas jóvenes le van abriendo el camino y civilizando esos territorios.

Más antigua es la versión que aparece de forma sintética en el Himno a Apolo (214 ss.) y más desarrollada en Eurípides (Ifigenia en Tauride 1247 ss). En esta última obra, Apolo da muerte a la serpiente monstruosa, Python, que vigilaba el oráculo de Gea, y expulsa a Temis; Gea se venga enviando sueños proféticos a los hombres, con lo que crea una situación de angustia que obliga a la intervención de Zeus; éste destierra la oniromancia y concede la propiedad del santuario a Apolo. Evidentemente la serpiente Python, uno de los elementos más arcaicos de la leyenda, representa a la Tierra y su muerte por parte de Apolo la apropiación de un centro oracular.

La intérprete de Apolo era la Pythia, mujer de edad madura que una vez reclutada, se dedicaba de por vida al servicio en el templo. Con anterioridad al rito estrictamente oracular, tanto el consultante como la profetisa debían cumplir los ritos preceptivos. El día fijado, los consultantes se concentraban a la entrada del recinto sacro, entregaban a los sacerdotes el pelanos, o torta ritual, y sacrificaban una cabra en honor de Apolo, con lo cual ya estaban listos para, de uno en uno, penetrar en el templo y plantear directamente su pregunta. Por su parte, la Pythia se purificaba probablemente mediante un baño en la fuente Castalia, mientras que el templo era fumigado mediante el humo de las hojas de laurel quemadas sobre el hogar. El acto adivinatorio tenía lugar en el interior del templo de Apolo, en el adyton, donde se encontraba el omphalos, piedra ovoide que simbolizaba el centro del mundo, y junto a él el laurel sagrado, árbol de Apolo. El suelo tenía en este lugar una abertura que comunicaba con el mundo subterráneo y sobre ella se situaba el trípode con un caldero tapado, que servía de asiento a la Pythia, la cual se presentaba vestida de doncella, símbolo de la pureza con la que tenía que desempeñar su función. La Pythia era asimismo purificada con el humo del laurel, planta que cumplía un papel muy destacado, pues la sacerdotisa a la vez que masticaba hojas de esta misma planta sostenía en la mano una rama del árbol; todo ello, unido al agua de la fuente Casotis que bebía y le provocaba el trance.

La Pythia actuaba como médium, de manera que no era ella la que hablaba, sino el propio Apolo: la sacerdotisa era poseída por la divinidad, se convertía en entheos, llena de dios, quien se servía de su boca como si fuera la suya propia, y de ahí que sus palabras, no siempre inteligibles, fuesen dichas en primera persona, nunca en tercera, cambiando además la voz a un tono ronco característico, si hacemos caso de Plutarco, del enthousiasmos. Mucho se ha discutido sobre las causas que originaban el éxtasis de la Pythia, pero los resultados no han sido muy satisfactorios. Las excavaciones arqueológicas han demostrado que la oquedad situada bajo el trípode no buscaba otro efecto que el puramente efectista, puesto que los estudios geológicos no han encontrado la menor huella de unas emanaciones gaseosas que supuestamente embriagarían a la profetisa. Lo mismo sucede con las hojas de laurel, de las que se ha demostrado que carecen de cualquier sustancia alucinógena. Por tanto, y a la vista de estas consideraciones, se cree que la Pythia entraba en trance por propia sugestión, lo cual es perfectamente explicable desde el terreno de la psicología, aunque no puede descartarse que estas mujeres sufriesen cierto grado de esquizofrenia que les facilitaba ese cambio de personalidad con el cual realizaban su función oracular.

Es inevitable plantearse la cuestión, a la vista del inmenso éxito que alcanzó el oráculo, sobre la veracidad del procedimiento utilizado. En la mayoría de los casos, como la Pythia hablaba un lenguaje confuso y muchas veces ininteligible, la respuesta se entregaba posteriormente, redactada en verso por los sacerdotes del templo, los llamados prophetes, quienes solían utilizar además un estilo arcaico y con una redacción voluntariamente ambigua. Por tanto, todo sería el producto de una gran manipulación y el éxito del oráculo se debería, por una parte, a una formidable red de información y, por otra, a la publicación masiva de profecías post eventum, actividad en la que los sacerdotes más que la Pythia serían los auténticos protagonistas. Ciertamente la situación podía prestarse a ello, pero no conviene ser excesivamente radicales.

Por algunos testimonios se sabe que la Pythia no siempre entraba en trance y que en ocasiones fingía, pero ello no significa que hubiese un engaño generalizado. También se conocen varios casos de soborno, pues dada la importancia del oráculo en la vida política griega, sus decisiones podían influir decisivamente en la historia interna de las ciudades. Así ocurrió con los reyes de Esparta Cleómenes y Plistoanax, quienes indujeron con dinero a la Pythia para que respondiera en su favor. Sin embargo, el dato significativo está en que fue la Pythia la directamente afectada, lo que quiere decir que sus palabras podían ser entendidas, con lo que las posibilidades de manipulación por parte de los sacerdotes no eran tan amplias como en principio pudiera creerse, aparte de que tampoco existía un interés especial en engañar.

El oráculo de Delfos era, pues, el principal centro profético de todo el mundo griego y en consecuencia a él acudían gentes procedentes de todas partes, incluso de países extranjeros. Fue tal la avalancha de devotos que pretendían consultar al dios, que los sacerdotes trataron de desarrollar un sistema alternativo de adivinación, encontrándolo en la cleromancia, recurso al que posteriormente también se vio abocado el santuario de Dodona. La cleromancia está perfectamente atestiguada en Delfos a comienzos del siglo IV a.C., como lo prueba una inscripción en la que se fijaba la tarifa para el pueblo de Skiathos; pero otros indicios conducen a suponer que ya estaba activa en el siglo VI. Hay que tener en cuenta que en un principio la Pythia solo estaba preparada para entrar en contacto con la divinidad una vez al año, el día siete del mes de Bysios, aniversario del nacimiento del dios, coincidiendo con el inicio de sus fiestas de primavera y la celebración de la epifanía de Apolo.

Pero conforme iba creciendo la importancia del oráculo y el número de sus solicitantes, se amplió el periodo de consulta fijándose en una vez al mes, el día 7, a excepción de los tres meses de invierno, cuando Apolo abandona el santuario; además podían celebrarse consultas extraordinarias, excepto en aquellos días que el calendario religioso consideraba nefastos. Por el contrario, las consultas clerománticas, que también eran respondidas por la Pythia, no tenían fechas precisas, sino que debían llevarse a cabo con mucha frecuencia, salvo naturalmente en los antedichos días nefastos. Sin duda alguna, la edad arcaica asiste a los momentos más sobresalientes en la historia del santuario de Delfos. Delfos se convierte en el punto de referencia vital del mundo griego, tanto desde un punto de vista privado como público. Desde su sitial y con el oráculo como arma invencible, Apolo dirigía la vida de los griegos, imponiendo sus doctrinas y manteniendo el orden establecido. Sin embargo, en la época clásica la situación evolucionó desfavorablemente para el santuario, pues si bien su autoridad en cuestiones de moralidad permaneció más o menos incólume, respecto a la vida política las circunstancias no eran las mejores.

Primero hay que tener en cuenta la política favorable a los persas del oráculo en los difíciles tiempos de la revuelta jonia, como perfectamente se comprueba en el episodio de los cnidios, errores que posteriormente consiguió enmendar una vez producida la victoria helena frente a Jerjes. Después la actitud respecto a Atenas, a la que el sacerdocio délfico relegó a un segundo plano, procurando defender con mayor fuerza las posiciones de su enemiga Esparta. Esta situación provocó que los atenienses, arrastrando con ellos a otros griegos, dejaran de consultar Delfos y, por el contrario, beneficiaran a otros centros oraculares, como los de Dodona y del de Amón en el oasis egipcio de Siwa, que a partir de estos momentos experimentan un auge bastante notable, con lo que la primacía délfica atravesó periodos de dificultad. Esta pérdida de la independencia política no hizo en definitiva sino vincular a Delfos a la esfera de la potencia dominante, que utilizaba su enorme pero cada vez mejor prestigio con unos fines partidistas.

Es un hecho aceptado que Apolo era en Grecia el padre de la adivinación intuitiva, de la inspiración profética. La antigua opinión según la cual habría sido Dionysos quien proporcionó a Apolo esta cualidad introduciéndola en el santurario de Delfos, hace tiempo que se encuentra con graves dificultades. En efecto, Dionysos, ocupaba el templo de Delfos durante los tres meses de invierno en que, Apolo, en una de sus tradicionales desapariciones, se retiraba al país de los Hiperbóreos; Dionysos tenía en Delfos su propio servicio sacerdotal, compuesto por las thyades y los hosioi, que en algunas fuentes aparecen también colaborando en el culto de Apolo. Se conoce un templo dedicado a Dionysos, donde se practicaba una rara mezcla de adivinación terapéutica y profecía inspirada, según lo transmite Pausanias:

Ellos celebran orgías, muy dignas de verse, en honor de Dionysos, pero no hay ninguna entrada a la capilla ni poseen imagen que pueda verse. Las gentes de Anficlea dicen que este dios es su profeta y el que les socorre en sus enfermedades. Las enfermedades de los anficleenses y de sus vecinos son curadas por medio del sueño. Los oráculos del dios son dados por medio del sacerdote, que los formula cuando se halla bajo la inspiración divina.

Sin embargo, no parece que en Delfos existiese la menor relación entre el éxtasis de la Pythia y la locura dionisíaca, como sí sucedía en Anficlea, y además durante los tres meses de dominio dionisíaco en Delfos, el oráculo no funcionaba. Por el contrario, Apolo aparece siempre vinculado a la profecía y a los profetas inspirados, y sus santuarios oraculares se extendieron considerablemente por todo el mundo griego.

Al círculo apolíneo pertenecían esos adivinos extáticos que pululaban por todas las ciudades. La leyenda ha magnificado esta situación, encontrando en la troyana Casandra, hija de Príamo, a su ejemplo más representativo. Según el mito, Casandra adquirió sus virtudes proféticas como un regalo de Apolo, quien se las concedió a cambio de sus favores; pero una vez instruida, Casandra se negó a otorgar su parte del pacto, por lo que Apolo la condenó a que sus profecías nunca serían creídas, y así se la representa en la tragedia de Esquilo Agamenón, experimentando el sufrimiento de tener que profetizar su propia muerte. También las Sibilas se relacionan estrechamente con Apolo, mencionadas ya por Heráclito como figuras de un pasado muy lejano, cuya obra sobrevivía en la forma de oráculos tradicionales, recogidos posteriormente en colecciones. La fama de Apolo se extendió a la par que sus santuarios oraculares.

Se conocen muchos de ellos, pero de algunos como el de Abae en Focidia o el de Tegira en Beocia, tan solo el nombre; en Tebas también había uno, llamado Apolo Ismenio, donde según Herodoto se consultaba a través del sacrificio. También en territorio beocio, en el monte Ptoion, junto al lago de Copais y cerca de la ciudad de Acrefia, había un oráculo de Apolo, quien suplantó a una divinidad local vinculada a la Tierra; a tenor del relato de Herodoto, existía una cueva a la que se accedía desde el interior del santuario, allí se encerraba por la noche el sacerdote, bebía agua de una fuente y se inspiraba para dar la respuesta a la consulta previa.

Otro santuario de estas características se localizaba en Argos y estaba dedicado a Apolo Pythiaios, término que refleja la influencia délfica. El oráculo funcionaba de la siguiente manera: una vez al mes, se ofrece por la noche el sacrificio de un cordero, cuya sangre es bebida por la sacerdotisa, que por este medio resulta inspirada por la divinidad. Al margen de Delfos, los santuarios más famosos de Apolo era quizá los que se encontraban en el Asia Menor, aunque en época clásica sufrieron una fase de decadencia para resurgir con gran fuerza en el período helenístico. El de Patara, en Licia, conservaba ciertos rasgos orientales: allí la sacerdotisa dormía en el santuario y era visitada por la divinidad, que utilizaba su boca para expresarse. Más importantes feron el de Didima y el de Claros. Éste último se decía que había sido fundado por el mítico adivino Mopso y al igual que el de Delfos, poseía también un omphalos; el médium era aquí un hombre, quien para entrar en contacto con la divinidad, se encerraba en una oscura cueva situada dentro del recinto sacro y bebía el agua de una fuente subterránea; los restantes sacerdotes recogían entonces las respuestas y se las entregaban a los devotos.

En Didima el culto estaba dirigido por la familia de los Branquidas. Los consultantes se dirigían primero al llamado chresmographion, esto es, una oficina de oráculos donde planteaban su pregunta, y no podían asistir al acto puramente oracular. Éste se desarrollaba en un pequeño patio situado en el interior del santuario, donde se encontraba la estatua de Apolo, un laurel y una fuente; en este santuario, donde se encontraban la estatua de Apolo, un laurel y una fuente; en este ambiente la profetisa, después de estar recluida varios días, respondía a las consultas.

En la Biblia, las pitonisas eran capaces de hacer hablar por su boca a los muertos. Para época imperial romana, los oráculos entraron en decadencia, a excepción de algunos periodos concretos de la historia. Populares fueron los engastrimythoi, citados por autores como Luciano y Plutarco (que también los llama pythones). Suelen ser equiparados a los ventrílocuos, si bien algunos autores los consideran más próximos a un médium en estado de posesión; sus voces extrañas, bajo los efectos del espíritu de la adivinación, reproducían las palabras del dios que los poseía. Los cristianos no dudaron en considerarlos poseídos por un demonio. En los Hechos de los Apóstoles se cita a una muchacha, probablemente esclava, poseída por el pneuma pythóna:

Se dio el caso de que, yendo nosotros al rezo, nos salió al encuentro una muchacha que tenía un espíritu de adivinación y proporcionaba a sus amos muchas ganancias adivinando. Yendo ella detrás de Pablo y de nosotros, gritaba: “¡Estos hombres son esclavos del Dios Altísimo, que os anuncian el camino de salvación!”. Esto lo venía haciendo muchos días. Pablo, indignado se volvió y dijo al espíritu: “En el nombre de Jesucristo te mando salir de ella!”. Y en aquel mismo instante salió (Hechos de los Apóstoles 16, 16-18).

Una de las técnicas usadas por los profetas para adivinar en el Antiguo Testamento era cuando se está lleno del Espíritu Santo, como les sucedió a casi todos los profetas. La pitia era en cierto modo una profetisa pagana. San Isidoro nombra las pitonisas de modo breve en sus Etimologías, pero esto no significa que existiesen en España. En ningún concilio visigodo son nombradas, ni en ningún documento medieval hispano, lo cual significa que se las incluía en la familia de los encantadores o sencillamente no existían en tierra patria (el culto a Apolo Pitio no fue común en España). Fuera de España se asoció las pitonisas con las brujas. En un documento del occidente medieval se condena a las pitonisas y lamias en nueve puntos:

1-Si la labor de las lamias y pitonisas coadyudadas por los demonios, puede provocar granizo y truenos para perjuicio de la tierra.

2-Si las lamias y las pitonisas, pueden con el auxilio del diablo dañar y causar enfermedades a hombres y niños.

3-Si pueden alterar la virilidad de un hombre casado, volviéndolo impotente.

4-Si pueden transformar el aspecto y la forma de los hombres.

5-Si pueden montar a caballo en un palo untado o en un lobo o en cualquier otro animal y si, para refocilarse y banquetear, tienen el poder de mudarse de un sitio a otro, donde darse a comer y beber, menudear en ambas cosas y darse al placer.

6-Si el diablo puede unirse carnalmente con estas mujeres maléficas, yaciendo con ellas bajo forma humana.

7-Si es posible que de este abrazo haya descendencia.

8-Si con ayuda del diablo pueden conocer cosas secretas, revelar las decisiones de los príncipes y predecir acontecimientos futuros.

9-Si se puede tras un proceso justo, aniquilar con el fuego a estas mujeres maléficas e inflingirles otros graves daños.

El historiador y obispo francés Gregorio de Tours (s.VI) habla de la existencia de pitias en las Galias. En un documento titulado Epistola fratis Rogerii Baconis de secretis operibus artis et naturae et de nullitate magiae del filósofo y científico inglés Roger Bacon (s.XIII) se dice:

Las pitonisas, articulando voces diferentes en el vientre, en la garganta y en la boca, hacen que se oigan voces humanas distantes o próximas, según les plazca, como si el espíritu hablase con el hombre, o bien imitan los sonidos de los animales.

El padre Barrientos (s.XV) enumera una larga lista de modos de adivinar el futuro, en uno de ellos ofrece un dato de interés:

Se hace con hombres vivos según que la tercera antedicha se hace con los muertos, y dícese que esta adivinanza o adivinación que se hace por pitón, e ovo nacimiento o dependencia de aquel pitón que se llama maestro de la adivinanza, según lo pone San Isidoro en las Etimologías. Pero no debe ninguno creer que los hombre buenos pueden ser compellidos, ni sepan responder a las tales demandas de las cosas venideras; y si alguna vez respoden esto es por permiso divino, por alguna causa misterial. Y avn entonces será otro espíritu el que habla y no hombre bueno ni muerto, según se dijo en el capítulo próximo pasado.

Las pitonisas medievales practicaron la hechicería para ganarse la vida en un ambiente fuertemente cristianizado e intolerante con las antiguas deidades. Su particular (y espectacular) modo de adivinar indujo a la Iglesia a incluirlas entre las brujas. También recibieron el nombre de fitonisas, término que podría tener alguna relación con la botánica.

En el Malleus Malleficarum de 1484 se dice al respecto:

La adivinación realizada por oráculos (pytones), de Apolo Pitio que pasa por haber inventado esta especie de adivinación según Isidoro. No se trata aquí de sueños ni de conversaciones con los muertos, sino por la mediación de los vivos se llega al conocimiento de lo oculto cayendo estos en trance por medio de los demonios como los posesos, voluntaria o involuntariamente, con el fin de prever únicamente el porvenir y no para desencadenar desgracias. Así ocurrió con la joven de la que nos habla el Libro de los Hechos, la cual gritaba tras de los apóstoles diciendo que eran los servidores de Dios. Ante lo que Pablo se indignó y mandó al espíritu salir de ella (Hechos XVI, 16). Pero está claro que esto tampoco admite comparación con las brujas y sus obras que son conocidas como maleficios, según Isidoro también, justamente a causa de los enormes pecados de éstas y la enormidad de sus crímenes.

Esta parte del alma que se evade con facilidad del cuerpo era denominado "Hugr" en las sagas vikingas.

Hugr: Hugr, “espíritu, humor, pensamiento”, corresponde más o menos al latín spiritus, o a animus. Si nos basamos en una metáfora de la poesía escáldica donde se traduce por “el viento de los magos” (trollkvena vindr), puede ser el aliento. Es ante todo una fuerza activa, idea expresada en el compuesto “espíritu de combate” (víghugr), por ejemplo, poder que determina la personalidad. Parece tener vida propia: el estudio semántico de las expresiones en las que entra tiende a indicarlo así; “como me dice mi hugr” traduce el hecho de tener un presentimiento; “hacer correr su hugr hacia una persona” expresa el afecto que se siente por alguien; desear a una mujer se traduce por “poner su hugr en una mujer”, y pensar se llama “hacer correr su hugr” (En la Edda poética, uno de los cuervos del dios Odín se llama Huginn; va por el mundo y vuelve a contar lo que ha visto...); todas estas expresiones incluyen una idea dinámica y, más allá de ella, la independencia de esa fuerza que se encarna en un individuo. “Se diría que se trata de una disposición, de un medio, de un instrumento que el poseedor emplea a su gusto –señala Régis Boyer-; dicho de otro modo, da la impresión de que se trata de un elemento como exterior al hombre y que éste considerase como con distanciamiento”. El hugr puede evadirse, cobrar forma y realizar los deseos de su propietario, como demuestra la siguiente historia:

Un campesino tenía que recoger la cosecha, pero tenía el caballo pastando en la montaña. De modo que quiso ir a buscar al animal, pero no podía abandonar el heno. En aquel instante, los hombres que estaban en los pastos oyeron que algo se removía al otro lado de la puerta, pero no vieron a nadie.

Jan de Vries, que refiere esta anécdota, concluye: “así pues, su hugr se había trasladado allí donde se encontraba el objeto de deseo”. Eso es evidente en cierto número de casos. En la Saga de los hermanos jurados, el rey Olaf se aparece en sueños a Grim:

-¿Duermes?
-No, ¿quién eres?
-Soy el rey Olaf Haraldsson, y he aquí lo que me trae: quiero que vayas a buscar a un vasallo mío, el escaldo Thormod, y que lo ayudes para que pueda salir del arrecife en el que se ha refugiado.

Inquieto por la suerte de Thormod, el rey Olaf envía por tanto su hugr, que lleva su mensaje.

La Saga de los habitantes del Valle del Salmón nos ofrece una extraña historia que parece poner en escena al hugr de una muerta, la madre del buey tordo gris, llamado Harri, al que Olaf acaba de hacer matar porque estaba demasiado viejo:

A la noche siguiente, Olaf soñó que se le aparecía una mujer, alta y encolerizada. Ella le habló:

¿Duermes? Él respondió que dormía. La mujer dijo: Duermes, pero lo verás pasar todo como si estuvieses despierto. Has hecho matar a mi hijo y me lo has enviado en un estado lastimoso, por eso haré que también tú veas a un hijo yacer en su propia sangre, y escogeré para ello al que menos te guste perder.

Este curioso pasaje en el límite de lo inteligible da a entender que la madre de Harri viene del otro mundo y que el buey no era más que la forma animal de un ser humano. Es cierto que una parte de las apariciones oníricas se debe a las manifestaciones del hugr, mientras que la fylgja y los muertos representan las otras partes. El hugr, esa forma que va y dispone momentáneamente de una persona durante su sueño, puede tomar una forma (hamr), otra imagen, humana o animal, y actuar a distancia, aparecerse a un durmiente o intervenir corporalmente.