viernes, 20 de abril de 2012

El Juicio final


La creencia en un juicio final en el que serán juzgados vivos y muertos es muy anterior al Apocalipsis bíblico. Fue una idea extendida entre muchos pueblos y culturas, especialmente en el área mediterránea. Entre ellos destacaron los egipcios, judíos, el mazdeísmo persa, las religiones romana y griega y más tardiamente la cristiana. La idea de un limbo o purgatorio de difuntos en espera de un juicio que les lleve al Tártaro, a los Campos Elíseos parece estar relacionada o influenciada de algún modo con el día del Juicio final bíblico. La mención más antigua al juicio final se halla en la mitología sumeria. El dios Enki comenta:

El futuro juzgará, pues al final de los días un Día del Juicio habrá. En ese día, la Tierra temblará y los ríos cambiarán su curso, y habrá oscuridad al mediodía y un fuego en los cielos por la noche, será eldía del regreso del dios celestial. Y habrá quien sobreviva y quien perezca, quien sea recompensado y quien sea castigado, dioses y hombres por igual, en ese día se descubrirá; pues lo que venga a suceder, por lo que ha sucedido será determinado; y lo que estaba destinado, en un ciclo será repetido, y lo que fue fruto delhado y ocurrió sólo por la voluntad del corazón, para bien o para mal vendrá a ser juzgado. 

Traducción: Zecharia Sitchin



En esta entrada nos concentraremos en el juicio que afectará a vivos y muertos (principalmente de la Biblia y el Corán) que conllevará grandes catástrofes en la tierra.

En época preexílica (s.IX-586 a.C.) tenemos uno de los primeros que hacen referencia al Juicio.

¡Ay de quienes ansían el Día de Yavé! El día de Yavé, ¿de qué os servirá? ¡Será tinieblas y no luz! (Amós 5,18)

¿Acaso no se estremecerá la tierra por esto, y hará duelo todo el que mora en ella, y subirá toda ella como el Nilo, se agitará y menguará como el Nilo en Egipto? Y en aquel día acaecerá -oráculo de Adonay Yavé- que haré ponerse el sol al mediodía, y entenebreceré en pleno día la tierra (Amós 8, 8-9)

En el periodo postexílico (s.V a.C.-s. I d.C.) la idea fue madurando hasta desarrollarse.

Y sucecerá después de esto que infundiré mi Espíritu en toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas, vuestros ancianos soñarán sueño, vuestros jóvenes verán visiones. E incluso sobre los siervos y las siervas por aquellos días infundiré mi Espíritu. Y haré prodigios en el cielo y en la tierra: sangre, fuego y columnas de humo. El sol se trocará en tinieblas y la luna en sangre, antes de que llegue el grande y terrible día de Yavé. Más acaecerá que todo el que invoque el nombre de Yavé será salvo; pues en el monte Sión y en Jerusalén se guardará el resto salvado, según dijo Yavé, y entre los evadidos estarán los que Yavé llame. (Joel 3, 1-5)

En el periodo helenístico-romano tenemos uno interesante:

Continué mirando, hasta que se pusieron unos tronos y un anciano se sentó; su vestidura era blanca como la nieve; y el cabello de su cabeza como lana limpia; su trono eran llamas de fuego; las ruedas del mismo, fuego abrasador. Un rio de fuego corría y salía de delante de él; miles de millares le servían y miríadas y miríadas estaban de pie ante él. El tribunal tomó asiento, y los libros fueron abiertos. Yo miraba entonces a causa del ruido de las arrogantes palabras que el Cuerno (el rey Antioco IV) profería; estuve mirando hasta que la Bestia fue muerta y su cuerpo destrozado y arrojado a las llamas de fuego. A las bestias restantes se les quitó el dominio y se les otorgó una prolongación de vida hasta un tiempo y hora determinados.

Proseguí mirando en las visiones nocturnas y he aquí que en las nubes del cielo venía como un hijo del hombre y llego hasta el anciano y fue llevado ante Él. Y se le concedió señorío, gloria e imperio, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron; su señorío es un señorío eterno que no pasará, y su imperio no ha de ser destruído. Yo estuve mirando, y ese Cuerno hacía guerra a los santos del Altísimo; y llegó el tiempo en que los santos entraron en posesión del reino. (Daniel 7, 9-22)

El profeta Esdrás advierte sobre una serie de signos que aparecerán el día del Juicio:

El sol brillará de repente en la noche, y la luna durante el día; el árbol destilará sangre y la piedra dará su voz, y los pueblos se conmoverán y los pasos cambiarán, los niños de un año hablarán a voces, las mujeres encintas darán a luz niños de tres y cuatro meses, y vivirán y saltarán. Los lugares no cultivados aparecerán de repente cultivados, y los almacenes llenos aparecerán de repente vacíos. (IV Esdras 5, 1-6, 22)

En el mismo libro de Esdras aparece el mesías:

Y vi una fiera como un león, levantándose de la selva, rugiendo, y oí cómo dirigió una voz de hombre al águila, diciéndole: "Escucha y te hablaré. Esto te dice el Altísimo: ¿Acaso no eres tú la que quedaba por venir de las cuatro bestias que yo había hecho reinar sobre mi mundo, de manera que por su medio llegará el fin de mis tiempos? Por lo cual tú, águila, desaparece completamente, tú y tus alas horribles para que se alivie toda la tierra y descanse, liberada de tu violencia, y espere el día del Juicio. Y respecto al león que viste que se levantaba de la selva, rugiendo y hablando al águila, y echándole en cara sus injusticias, y todas las palabras que oíste: este es el ungido que el Altísimo reservó para el fin de los días. (IV Esdras 11-12)

Y sucedió que tras los siete días, tuve un sueño durante la noche. Y vi que se levantaba un viento del mar de manera que agitaba todas sus olas. Y miré y vi que este viento hacía que una figura como de hombre saliera del corazón del mar. Y vi como volaba ese mismo hombre sobre las nubes del cielo, y hacia donde dirigía su mirada, temblaban todas las cosas que estaban bajo su vista y hacia donde salía la voz de su boca, se encendían todos los que oían su voz, como se derrite la cera cuando siente el fuego. Y tras esto vi como se congegaba una muchedumbre de hombres innumerable de los cuatro vientos de la tierra, para luchar contra el Hombre que había salido del mar. Y vi como formó para sí (el Hombre) una gran montaña y voló hasta colocarse sobre ella. Y yo quise ver la región o el lugar donde se había formado la montaña, y no pude.

Y tras esto vi como todos los que se habían congregado contra él temían grandemente, y con todo se atrevían a luchar. Y he aquí que cuando el Hombre vio el ímpetu de la muchedumbre que venía hacia él, no levantó su mano, ni tomó la espada ni cualquiera de los instrumentos de guerra; solamente vi como hizo salir de su boca como una ola de fuego y un espíritu de llama de sus labios; y de su boca hacía salir centellas y tempestades mezclándose todas estas cosas, la corriente de fuego, el viento de llama y la fuerza de la tempestad, cayó sobre el ímpetu de la muchedumbre que que estaba preparada para luchar y los incendió a todos de manera que nada se viese de la muchedumbre innumerable, sino solamente el polvo de la ceniza y el olor del humo. Y viéndolo me quedé atónito. Y tras esto, vi al mismo Hombre que bajaba del monte y llamaba hacia sí a otra muchedumbre pacífica. Y venían hacia él rostros de muchos hombres, unos gozosos, otros tristes, unos atados, otros trayendo ofrendas. (IV Esdras 13, 1-13)

La victoria del mesías trae un reino paradisiaco de unos 400 años en el cual se restaurará la paz y el orden. Los evangelistas también tienen algo que aportar:

Más por esos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas irán cayendo del cielo, y las fuerzas que están en los cielos serán sacudidas. Y entonces verán al Hijo del Hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria; entonces enviará a los ángeles y reunirá de los cuatro vientos a sus elegidos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. (Mc 13, 24-27)

Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá terremotos en diversos lugares, habrá hambre: esto será el comienzo de los dolores de alumbramiento del día del mesías. ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Porque en aquellos días habrá una tribulación cual no la hubo desde el principio de la creación, que hizo Dios, hasta el presente, ni la volverá a haber. (Mc 13, 8, 17-18)

Yo seguía contemplando en las visiones de la noche: Y he aquí que en las nubes del cielo venía como un Hijo de hombre. Se dirigió hacia el Anciano y fue llevado a su presencia. A él (el Hijo del Hombre) se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruído jamás. Yo, Daniel, quedé muy impresionado en mi espíritu por estas cosas, y las visiones de mi cabeza me dejaron turbado. (7, 13-15)

Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y sobre la tierra perturbación de las naciones, aterradas por los bramidos del mar y la agitación de las olas, exhalando los hombres sus almas por el terror y en ansia de lo que viene sobre la tierra, pues los poderes celestes se conmoverán. Entonces verán al Hijo del Hombre venir en una nube con poder y majestad grandes. (Lc 21, 25-27)

El Apocalipsis también hace mención al Hijo del Hombre:

Y seguí viendo. Había una nube blanca, y sobre la nube, sentado, un como Hijo de Hombre, que llevaba en la cabeza una corona de oro y en la mano una hoz afilada. Luego salió del santuario otro ángel gritando con fuerte voz al que estaba sentado en la nube: "Mete tu hoz y siega, porque ha llegado la hora de segar; la mies de la tierra está madura". Y el que estaba sentado en la nube metió su hoz en la tierra y quedó segada la tierra. (Ap 14, 14-16)

Aunque no nombra a Jesús queda claro que se trata de él por el contexto del escrito:

Me volví a ver qué voz era la que me hablaba y al volverme, vi siete candeleros de oro, y en medio de los candeleros como a un Hijo de Hombre, vestido de una túnica talar, ceñido al talle con un ceñidor de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos, como la lana blanca, como la nieve; sus ojos como llama de fuego; sus pies parecían de metal precioso acrisolado en el horno; su voz como voz de grandes aguas. Tenía en su mano derecha siete estrellas, y de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro, como el sol cuando brilla con toda su fuerza. Cuando lo vi, cai a sus pies como muerto. El puso su mano derecha sobre mi diciendo: "No temas, soy yo, el primero y el último, el que vive, estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la Muerte y el Hades. (Ap 1, 12-18)

El Evangelio de Mateo indica que la llegada del Hijo del Hombre pillará por sorpresa:

Porque como el relámpago sale por oriente y brilla hasta occidente, así será la venida del Hijo del Hombre. Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, y las fuerzas de los cielos serán sacudidas. Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre; y entonces se golpearán el pecho todas las razas de la tierra y verán al Hijo del Hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria. Él enviará a sus ángeles con sonora trompeta, y reunirán de los cuatro vientos a sus elegidos, desde un extremo de los cielos hasta el otro. Más de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino solo el Padre. Velad, pues, porque no sabeis qué día vendrá vuestro Señor. Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del Hombre. Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria.

A pesar de la insistencia que hubo en la Antiguedad en asociar a Jesús con el Hijo del Hombre del Juicio Final, en ningún texto evangélico Jesús se achaca tal tarea. Probablemnte Jesús solamente dijo que era "hijo de hombre", una expresión que en aquella época significaba "yo" o "un servidor". Tal vez hubo un error en la traducción posterior como "hijo del hombre" creyendo que hacía referencia al Juicio Final por desconocer el significado original de dicha expresión.

En el Apocalipsis se habla de una batalla contra Satanás en el gran día:

Cuando se terminen los mil años, será Satanás soltado de su prisión y saldrá a seducir a las naciones de los cuatro extremos de la tierra, a Gog y a Magog, y a reunirlos para la guerra, numerosos como la arena del mar. Subieron por toda la anchura de la tierra y cercaron el campamento de los santos y de la Ciudad amada. Pero bajó fuego del cielo y los devoró. Y el Diablo, su seductor, fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde están también la Bestia y el falso profeta, y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos. (Ap 20, 7-10)

Lo de los mil años corresponde con el primer reino de Dios o primera fase, el segundo acto es la celebración del juicio:

Luego vi un gran trono blanco, y al que estaba sentado sobre él. El cielo y la tierra huyeron de su presencia sin dejar rastro. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del trono; fueron abiertos unos libros, y luego se abrió otro libro, que es el de la vida; y los muertos fueron juzgados según lo escrito en los libros, conforme a sus obras. Y el mar devolvió los muertos que guardaba, la Muerte y el Hades devolvieron los muertos que guardaban, y cada uno fue juzgado según sus obras. La muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego -este lago de fuego es la muerte segunda- y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue arrojado al fuego. (20, 11-15)

En el Evangelio de Mateo el Juicio es obra única de Jesús:

Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: "Venid benditos de mi padre, recibid la herencia del reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era forastero y me acogisteis. Entonces los justos le responderán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento y te dimos de beber?". Y el Rey les dirá: "En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis".

Entonces dirá también a los de su izquierda: "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis". Entonces dirán también éstos: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?". Y él entonces les responderá: "En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo". E irán a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna. (Mt 25, 31-46)

El Corán es una clara continuidad -no en vanó Alá se identifica con Yavé en boca de Mahoma- de los textos bíblicos. Hay muchísimas referencias en él al Juicio, la más importante se halla en la sura 56 ("el acontecimiento"):

Cuando suceda el acontecimiento nadie podrá negarlo. ¡Abatirá, exaltará! Cuando la tierra sufra una violenta sacudida y las montañas sean totalmente desmenuzadas, convirtiéndose en fino polvo disperso, y seáis divididos en tres grupos: Los de la derecha; los de la izquierda y los más distinguidos.

Las tres categorías se refieren a los santos, los bondadosos y los perversos. Tanto vivos como muertos. Los dos primeros grupos irán al Paraíso y gozarán de toda clase de lujos, en cuanto al tercer grupo irán directamente a la ardiente Gehena para sufrir infinitos males.

Nosotros os creamos. ¿Por qué, pues, no aceptáis? Y ¿qué os parece lo que eyaculais? ¿Lo creais vosotros o somos Nosotros los creadores? Nosotros hemos determinado que muráis y nadie podrá escapársenos, para que otros seres semejantes os sucedan y haceros renacer a un estado que no conocéis. Ya habeis conocido una primera creación. ¿Por qué, pues, no os dejais amonestar? Y ¿qué os parece lo que sembrais? ¿Lo sembrais vosotros o somos Nosotros los sembradores? Si quisiéramos, de vuestro campo haríamos paja seca e iríais lamentándoos: "Estamos abrumados de deudas, más aún, se nos ha despojado". Y ¿qué os parece el agua que bebeis? ¿Lo haceis bajar de las nubes vosotros o somos Nosotros quienes la hacen bajar? Si hubieramos querido, la habríamos hecho salobre. ¿Por qué, pues, no dais las gracias? Y ¿qué os parece el fuego que encendeis? ¿Habéis hecho crecer vosotros el árbol que lo alimenta o somos Nosotros quienes lo han hecho crecer? Nosotros hemos hecho eso como recuerdo y utilidad para los viajeros del desierto. ¡Glorifica, pues, el nombre de tu Señor, el Grandioso!

Continúa hablando de la nobleza del Corán:

¡Pues no! ¡Juro por el ocaso de las estrellas! ¡Es, en verdad, un Corán noble, contenido en una Escritura escondida que solo los purificados tocan, una revelación que procede del Señor del Universo! ¿Teneis en poco este discurso y hacéis de vuestra desmentida vuestro sustento? ¿Por qué, pues, cuando se sube a la garganta, viéndolo vosotros, por qué, pues, si no vais a ser juzgados y sois sinceros en lo que decís, no la haceis volver?