sábado, 7 de abril de 2012

Espíritus nocturnos



Lémures: Para los romanos y etruscos los lémures eran los espíritus de personas que generalmente murieron de muerte violenta, antes de tiempo y sin haber podido formar familia, no consiguieron por ello la condición de parientes. En las parentales (Febrero) la gente visitaba y hacía ofrendas a los muertos en los cementerios, por el contrario en las lemurias los muertos visitaban los hogares. Aparecían en las noches del 9, 11 y 13 de Mayo en sus antiguos hogares. El padre de familia realizaba una ceremonia en la que lanzaba habas hacia atrás para que el lemur las recogiese y se fuera, pues creían que podía causar problemas. En algunos textos de maleficios escritos en tablillas (defixionum) y enterrados, se apela a los muertos prematuros para que perjudiquen a terceras personas. La raíz etimológica es lem- (espíritu nocturno), de esta misma raíz se incluyen el galés llef (voz); bretón leñv (gritos, voces), lituano lemóti (anhelar, estar ansioso); letón lamat (chillar) y lamatas (ratonera). La variante con sufijo lam-ya es lamia (monstruo).



En opinión de los romanos, los suicidas se convertían en malévolos espíritus condenados a errar en el mundo de los vivos. De ahí que el suicidio se usase como última forma de venganza sobre los culpables de una gran afrenta a los que no se les podía dañar de otro modo. En las Eneídas de Virgilio, los suicidas habitan en un bosquecillo tras atravesar el rio Estige. Los insepulti eran aquellos cuyos cadáveres no habían sido enterrados por cualquier motivo. Cuando el cadáver se había perdido se hacía una ceremonia sustitutoria al enterramiento. Para Virgilio, habitaban por las orillas del Estige sin poder atravesarlo. Vagan durante 100 cien años antes de permitirseles observar la orilla del Estige. En cuanto a los condenados a muerte sin motivo vivían en el umbral tras atravesar el rio Estige. Todos ellos debían esperar al menos 100 años antes de llegar a los Campos Elíseos (si eran buenos) o al Tártaro (si eran malignos). Los espíritus mas materialistas se hallaban antes de atravesar el rio Estige. Los menos materialistas se hallaban entre el Estige y la encrucijada del Tártaro y Campos Elíseos.



Porfirio (s.III) pensaba así de los lémures:



Creían que los lemures nocturnos son las almas errantes de los hombres muertos prematuramente, es decir, peligrosas.



Según San Agustín:



Dicen los platónicos que las almas de los hombres son demonios, y que de los hombres se hacen lares, si tienen buenos méritos; lemures o larvas, si los tienen malos; y, en cambio, se hacen manes si es incierto tengan buenos o malos méritos.



Los lémures (animales) fueron llamados linnaeus por sus grandes ojos, hábitos nocturnos y por los terribles sonidos que emitían de noche. Algunos autores romanos describían a los lémures como nombre genérico para todos los espíritus de los difuntos y los dividían en dos clases: los lares, que eran los espíritus benévolos de la familia, que encantaban y protegían el domus o casa de la familia y las larvas que eran las almas sin descanso terroríficas de los hombres malvados. Pero la idea más corriente era creer que larva y lemur eran sinónimos.



Para algunos clérigos medievales, lemur es un lar que posee un cadáver, pero también los definen como demonios nocturnos. Lemur y larva tomaron el mismo significado en la Edad media. Para evitar que los espíritus de los difuntos molestasen a los vivos existe una antiquísima solución consistente en dejar granos, mijo, habas, piedras, alpiste, arroz, etc., para que el fantasma se entretuviera contando y terminara marchándose aburrido. Tenemos en España el ejemplo con los trasgos, trasnos y tardos solo por poner algunos ejemplos, todos ellos bastante molestos para los humanos. Entre los pueblos germánicos y los escitas fue común hacer túmulos con gran cantidad de rocas y piedras alrededor de la tumba, no pocas veces construían las tumbas bajo roquedales. Los romanos daban culto a los lares viales en las encrucijadas (lugares favoritos de las brujas), zonas donde el domino familiar entraba en contacto con el de los vecinos, allí había costumbre de enterrar personas para que sirvieran de guardianes, asimismo se les arrojaba piedras.


En un relato español del siglo XII, una mujer soñó que bebería la sangre de su enemigo. Tras ser derrotado se lo llevaron a ella, pero al final pensaron que la sangre de un traidor está maldita. Lo mataron y lo enterraron en un lugar donde se le pudiese tirar piedras y maldecir. Entre los judíos del Antigo Testamento era común enterrar a los enemigos poderosos sobre un montón de piedras. Entre los primeros musulmanes era esto también frecuente. En el Corán se dice:

...al cielo lo hemos protegido ante todo demonio maldito (literalmente “lapidado”).
Busca refugio en Dios del maldito (lit “lapidado”) Satanás.

A los suicidas los entierran  a veces allí donde se descubre su cuerpo, lo que obliga a ciertas precauciones, como demuestra la historia siguiente:

Cerca de Wildegg, en Argovia (cantón suizo), un cazador se colgó de un peral; lo enterraron al pie del árbol y nadie de los que pasan por allí olvida tirar una piedra a su tumba para que no regrese.

Cuando a comienzos del s.XIX Bernhard Khale visió Islandia, vio un cairn; su guía lo invitó a echar una piedra más, explicando que el obispo Gwendur había desterrado allí a un aparecido hacía más de seiscientos años.

No sabemos a ciencia cierta el origen de esta creencia, pero en manuscritos sumerios se cuenta que los dioses (annunakis) tenían la costumbre de enterrar a sus muertos bajo montones de piedras, de hecho las sagas sumerias comentan que Abel fue enterrado bajo piedras tras ser asesinado por su hermano Caín.

Los árabes creían que los espíritus de los asesinados a los que no se vengaba, seguían en sus tumbas clamando venganza, y cuando los vengaban su espíritu volaba. 

El etnólogo polaco, L. Stomna, analizó quinientos casos de muertos prematuros convertidos en aparecidos; trabajando con documentos de la segunda mitad del siglo XIX, estableció el cuadro adjunto:





                                       Nº de casos   Porcentaje



1. Fetos muertos                     38             7.6

2. Abortados                           55             11

3. Niños no bautizados           90             18

4. Mujeres muertas en parto  10              2

5. Mujeres muertas después

del parto pero antes de la

ceremonia de purificación     14              2.8

6. Prometidos muertos justo

antes de la boda                     14              2.8

7. Novios muertos el día de

la boda                                   40               8

8. Suicidas                             43              8.6

9. Ahorcados (ajusticiados)   38             7.6

10. Ahogados                        101           20.2

11. Fallecidos de muerte

violenta o no natural             15               3

12. Otros casos                      15               3

                                          _________________


                                             500              100





En algunas sagas vikingas los bebes no bautizados y las madres muertas en el parto se clavaban con una estaca en las tumbas para evitar que volvieran. En Japón el "ubume" era una madre que murió durante el parto o dejando a un niño pequeño en Tierra, retornaban frecuentemente para cuidar de sus niños, a menudo trayéndoles dulces. Llamaban goryo (espíritu honorable) al aparecido aristocrático vengativo, especialmente aquellos que fueron martirizados. Mientras que el funayurei (espíritu marino) era el fantasma de aquellos que murieron en el mar. Siempre se ha temido el regreso de los niños que han muerto sin recibir el bautismo. A lo largo del rio Moldau, se dice que hay que bautizar a los pequeños aparecidos que uno se encuentra y darles un nombre; la fórmula que hay que pronunciar es la siguiente: “si eres un niño, te llamarás Adán; si eres una niña te llamarás Eva”.


El trasno: El trasno podría ser el equivalente español al lémur, pues parece abreviación de "trasnochar", debido a que todas sus correrías las realiza de noche. En Galicia se le conoce también con otros nombres: patanexo, zucio, perico, proviso, perello, enemigo, xudas, pecado. El trasno es temido debido a que es un gran urdidor de tensiones. Las mujeres de la parroquia de Asados (Rianxo) atesoran una poderosa oración para reducir al trasno e impedirle su inoportuna entrada en la casa:



Trasniño, trasnote, da palma da man furada sete veces rodarás a custodia sagrada antes que entrares na miña morada.



Queda claro su carácter negativo, sin embargo otro de sus rasgos son las travesuras infantiles. Se le denomina también demo pequeno, demo cativo y algunos lugares como "un discípulo menor do demo". Suele decirse que el trasno es un espíritu malo que no tiene valor ni poder para hacer daño, solo para asustar. En ocasiones el nombre "trasno" provoca miedo a los niños, pero en los adultos solo provoca la risa. Llaman "trasno" el niño muy travieso. Adora las transformaciones animalescas, entre ellas los caballos, carneros, toros, corderos, alguna vaca, gatos, ovejas, terneros, conejos, cerditos, burras blancas, gallinas, bueyes, alguna rara corza, raposa, bueyes y búhos. Aunque los caballos, carneros y ovejas son sus favoritos para las trastadas.



Una de sus bromas favoritas consiste en convertirse en animal despistado y esperar que alguien lo recoja, una vez que la víctima lo carga empieza a pesar poco a poco hasta que el pobre campesino se ve forzado a soltarlo, algo parecido a las bromas del tardo. Otra de sus granujadas consiste en transformarse en caballo y esperar que alguien lo monte cerca de un rio, una vez que el jinete se sube a la grupa, el trasno desaparece de repente al cruzar el rio y la víctima se da un buen remojón. Otra de las felonías del infame trasno es dejarse acurrucar y acariciar por mujeres disfrazado de corderito o niño pequeño llorón, para luego aprovechar y ver a las mujeres desnudas. Finalmente se despide diciendo: "Jujurujú que te vi las tetas y el cu".



 A veces se le dejaba una taza de mijo en la cocina, la cual terminaba derramando y como tenía las manos agujereadas no podía contarlos y desaparecía. El trasno en algunas localidades de Galicia abraza y oprime: Relatos con superficiales variantes fueron recogidas por Lisón Tolosana en muchas áreas donde le dijeron que “si no se acostaba sin persignarse o trasno acuñaba”, es decir le apretaba en el pecho. Tambien aprieta en la garganta causando daño o al menos molestia y temor. Pienso que "trasno" esconde a muertos prematuros de cualquier sexo y edad, siendo los trasnos infantiles los más nombrados en las leyendas gracias a la ridiculización y cristianización que sufrió. Al igual que los lémures, desaparecía de las casas contando semillas...

El rey San Fernando (siglo XIII) ordenó traducir al castellano el Fuero juzgo visigodo, allí se habla de un tipo de maléfico o encantador con poder sobre el pedrisco y otras maldades:



Los proviceros, o los que hacen caer la piedra en las viñas o en las mieses, hablan con los diablos (provizos) y turban las voluntades de los hombres, hacen cercos de noche y sacrifican a los diablos.



Recordemos que "proviso" es otro nombre dado al trasno en Galicia. Estos proviceros –dice el códice- también eran consultados junto a los adivinos, sorteros y encantadores para ver si una persona viviría o no. En el glosario de las Partidas definen al provicero como un astrólogo o agorero, sin embargo con toda seguridad se trataba de un nigromante o brujo.

Gaueko: En vasco significa "nocturno". Espíritu nocturno que castiga a quienes se aventuran en la oscuridad y que no permite que se efectuen tareas tras el toque del Ángelus. En algunas leyendas aparece en forma de vaca e incluso en una de ellas con forma de león. El gaueko es invisible y se oculta en el viento nocturno, haciendo sentir su presencia mediante una ráfaga de aire que eriza el cabello a quien la siente mientras le invade una sensación de temor. Es común en el País Vasco y norte de Navarra, así como en el suroeste de Francia. 

Su contrapartida es el guargi o gauarguia (literalmente "luz nocturna") espíritu nocturno que se invoca en Guipúzcoa para luchar contra las pesadillas provocadas por el Inguma. En otras partes se dice que se manifiesta en forma de luces que vuelan por encima de las casas, los montes y los árboles.

Existe un caso documentado sobre un espíritu de rasgos parecidos al gaueko. Febrero de 1907 tocaba a su fin en la pedanía hurdana de Ladrillar. Isaac Gutiérrez cumplía con sus obligaciones de párroco cuando le sobresaltó un chillido ensordecedor e inhumano. Un extraño ser de menudo cuerpo y gran cabeza aterrorizó Ladrillar durante los días 26, 27 y 28 de febrero de 1907. Las apariciones del “duende de Ladrillar”, como bautizaron las gentes del pueblo al terrorífico intruso, pasaron a la posteridad gracias a que el sacerdote Gutiérrez escribió detalladamente los hechos en varios documentos que años después caerían en manos del conocido periodista de misterios Iker Jiménez, quien trató el caso en su libro “Enigmas sin resolver I”. Según Iker, el duende del Ladrillar fue uno de los primeros “expedientes X” de España. El “duende del ladrillar” no permitía que la gente de la aldea saliera de sus casas de noche, era pequeño, cabezón y oscuro. Iba acompañado de dos lucecitas mientras volaba y gritaba “uuuua” o “guaaaa”. Consta que uno de aquellos días murió una niña en extrañas circunstancias mientras jugaba.

¿Lémures orientales?Existe un antiguo relato zen (la subyugación de un espectro) que me llamó la atención por su parecido con los lémures de la cultura árabe y occidental:


Una joven esposa cayó enferma y estaba a punto de morir. Te amo tanto -le dijo a su marido-, que no quiero abandonarte. No te vayas con ninguna otra mujer. Si lo haces, regresaré como un espectro y te causaré un sinfín de trastornos. La esposa no tardó en morir. El marido respetó el último deseo de su esposa durante los tres primeros meses, pero entonces conoció a otra mujer y se enamoró de ella. Los dos se prometieron en matrimonio.


Inmediatamente después del compromiso, cada noche se le aparecía al hombre un espectro, culpándole por no haber mantenido su promesa. Además, era un fantasma inteligente, pues le decía exactamente lo que había ocurrido entre él y su prometida. Cada vez que le hacía a esta un regalo, el espectro lo describía con detalle. Incluso repetía sus conversaciones, e incomodaba tanto al hombre que no podía dormir. Alguien le aconsejó que consultara su problema con un maestro zen que vivía cerca del pueblo. Al final, desesperado, el pobre hombre fue a verle y le pidió ayuda.


Tu difunta esposa se ha convertido en un espectro y sabe todo lo que haces -comentó el maestro-. Cualquier cosa que hagas o digas, cualquier cosa que regales a tu amada, ella está al corriente. Debe ser un espectro muy sabio, y la verdad es que deberías admirar a un espectro de tales características. La próxima vez que se presente, haz un trato con ella. Dile que sabe tanto que no puedes ocultarle nada, y que si responde a una pregunta, prometes romper su compromiso y seguir viviendo solo.


¿Qué pregunta debo hacerle? -inquirió el hombre-. El maestro respondió: Toma un puñado de semillas de soja y pregúntale cuantas semillas exactamente tienes en la mano. Si no puede decírtelo, sabrás que solo es un producto de tu imaginación y ya no te turbará más. A la noche siguiente, cuando apareció el espectro, el hombre le halagó y le dijo que lo sabía todo. Pues claro -replicó el espectro-, y sé que hoy has ido a ver a ese maestro zen. Ya que sabes tanto, ¡dime cuantas semillas tengo en esta mano! Ya no estaba presente ningún espectro para responder a la pregunta.