martes, 12 de junio de 2012

Artificios del mago IV: Veneficio


El veneficio ("hecho con plantas") es la rama más importante en la familia de la hechicería. La raíz etimológica de "veneno" es wen- (desear, esforzarse), procedente del latín venenum (veneno, poción amorosa). En la tradición médica de todos los pueblos, las hierbas ocupan un lugar muy importante. Ya varios milenios antes de Cristo se conocían hierbas medicinales en China, la India y el antiguo Oriente. La mención escrita de hierbas más antigua de la que disponemos se encuentra en el papiro de Ebers (1500 a.C.). En las civilizaciones antiguas las hierbas eran adoradas como algo divino. Su descubrimiento era atribuido a los dioses o a seres mitológicos. Los hombres adquirieron el conocimiento de las hierbas medicinales al buscar alimento y observar a los animales, a los que hacían comer determinadas hierbas cuando estaban enfermos. En los tiempos en los que la contaminación no era tan grave como hoy, las hierbas crecían cerca de los asentamientos humanos, lo que prueba que eran cultivadas sistemáticamente. Las plantas primaverales gozaban de una estimación especial, pues simultáneamente simbolizaban la energía vital de la tierra “portadora de hierbas”, que en muchas culturas era adorada como diosa de la fertilidad.



Con estas hierbas primaverales se relacionan ritos mágicos antiquísimos. Era muy importante la época en la que se recolectaban y como cada planta estaba sometida a la influencia de un determinado planeta, sus poderes curativos solo se manifestaban si éste se hallaba en posición dominante. En las fuentes bibliográficas antiguas normalmente se hace constar que estas plantas se deben recolectar antes de la salida del sol. Santa Hildegarda recomendaba el momento de la luna creciente como el más idóneo. En Europa, el día o la noche de San Juan eran muy apreciados para la recogida, ya que en el solsticio de verano las fuerzas mágicas alcanzan su punto culminante.



De los neuros, quizá una de las denominaciones de los protoeslavos forjadas por el mundo clásico, decía Herodoto que podían convertirse, con la ayuda de hierbas, en lobo a voluntad. El tema de la licantropía se repite en el Homiliarium de Opatowitz o en Slovo de Igor, y en todas las lenguas eslavas el término para el hombre lobo es muy semejante (a.e. vlukodlaku). Dadas las características poco belicistas de los pueblos eslavos hemos de suponer que el lobo tuvo entre ellos una simbología diferente de la que presenta entre otros pueblos indoeuropeos (donde aparece como animal de referencia entre los miembros de cofradías de guerreros, como entre los germanos o los dacios).



Quizá la licantropía se explique como una manifestación del poder de los hechiceros eslavos. Se sabe que estos expertos en magia eran poderosos y actuaron como uno de los pilares del rechazo al cristianismo (provocando revueltas en Rusia y haciéndose expulsar por los príncipes checos). Las fuentes eclesiásticas transmiten con horror los encantamientos, las prácticas abortivas, los envenenamientos y las fórmulas adivinatorias que empleaban. El ejemplo prototípico de estos personajes (muchas veces femeninos) es la bruja del folclore ruso Baba Yaga, que se metamorfosea a placer en animales (pájaros o serpientes), destruye a los hombres, pero también les revela el futuro. Muy interesantes también resultan los poderes de Ved’ma, una hechicera arquetípica del folclore eslavo. Capaz de transformarse en pájaro o serpiente, volar, o hacerse invisible, conoce las plantas y puede producir la lluvia, poderes todos habituales entre los chamanes. Entre los protoeslavos, dada su proximidad con pueblos fino-ugrios y altaicos, y con su sistema social, no es de extrañar que las funciones religiosas que requiriesen una especialización mayor recayesen en hechiceros con un campo de actuación y unas capacidades parecidas a las de los chamanes uralo-altaicos, que llevasen una vida marginal (en el bosque, fuera del ámbito habitual de la vida en común) y una de cuyas pruebas iniciáticas o prácticas mágicas fuera la transformación en lobo.



En el este de Europa fueron frecuentes los casos de licantropía colectiva. Incluso en época romana, algunos autores dicen que había muchos habitantes que se transformaban en lobo, ayudados por la aplicación de hierbas. He aquí lo que se lee en la colectánea llamada Magica de spectris et apparitionibus... (Leyden 1656):



In Prussia, Livonia, et Lituania veneficorum maximus est numerus, qui festo Nativitatis Christi sub noctem, deposita en certo loco hominis forma lupi assumunt faciem, et in sylva rusticorum aedes aggrediuntur, expugnant, cerevisiae dolia ebibunt, pecora jugulant. Locum illum deinceps incolae divinum arbitrantur, tali divinationis genere, ut si alicui en eo quid adversi contigerit, et is veluti vehiculum obsertatur, atque nivibus injiciatur, persuasum habent, eum illo anno monriturum, quemadmodum id a multis temporibus per experientiam explorarunt.



Uno de los principales elementos utilizados en la hechicería era el venenum, término que, como phármakon en griego, tenía el trivalente significado de remedio curativo, veneno y droga mágica o abortiva. El término veneficium designaba tanto el envenenamiento como las prácticas mágicas. Solo el progreso de la botánica, conocido en el mundo helenístico, permitió una lenta distinción entre las plantas medicinales y las venenosas. Las mujeres, en cuyas manos estaba su preparación, se vieron envueltas en numerosos procesos de veneficium. Ya en el año 361 a.C., según nos dice Tito Livio, una enorme mortandad fue atribuida al venenum, siendo condenadas 170 matronas. También en 186 a. C., durante el proceso de las Bacanales, se acusó a los iniciados de utilizarlo. En 180 fueron condenadas más de tres mil personas en Italia por los mismos cargos. Aún en el año 154 a.C., la muerte de dos consulares fue atribuida al uso de venena por sus mujeres. En el año 81, Sila promulgó la lex Cornelia de sicariis et veneficiis que servirá de modelo a otras disposiciones de la época imperial. Es probablemente bajo Tiberio cuando aparece –en la legislación imperial- el término magus por primera vez, aplicado sobre todo a quienes hacían uso del venenum.



Las venéficas solían valerse de cantos, de hecho San Agustín dijo de las veneficae que pueden hacer enfermar o curar, metamorfosear, invocar las almas de los muertos por medio de encantos y realizar lo que pretenden con tales invocaciones. Otro nombre para los venéficos fue el de herbarii: encantadores de hierbas. San Isidoro comenta que algunos criminales transforman su aspecto por medio de mágicos cantos, o por la acción de determinadas hierbas (veneficio), convirtiendo su cuerpo en el de fieras. En el Fuero Juzgo del 681 se condena a los veneficos y a los que hacen prácticas mágicas con hierbas (especialmente pociones). También se llamaba veneficio a untarse con hierbas para convertirse en lobo (licantropía), como medio para lograr ir volando a un aquelarre o viajar al más allá. Es de suponer que muchos de esos sucesos mágicos eran en realidad alucinaciones provocadas por el uso de plantas psicoactivas.



Existen numerosos ejemplos en historias o leyendas, en los que una bruja o hechicera llega a transformar a una persona en animal. Para conseguirlo, la hechicera introduce una droga o hierba en el interior de un comensal (en Galicia se llamaba "embrujamiento"), la víctima que ingiera el alimento es vista como un animal por los demás, si bien su mente continua normal. En el caso de Apuleyo, el individuo es convertido en burro y obligado a trabajar como tal durante un prolongado periodo de tiempo. Algunos inquisidores medievales cuenta ejemplos similares como prácticas brujeriles reales. Ciertas prácticas mágicas como la creación de zombis en el vudú, son realizadas por medio de secretas confecciones en forma de bebedizos o pociones. Las parteras tenían una nefasta reputación para la Iglesia, y a menudo eran tachadas de brujas porque las consideraban causantes de abortos por medio de hierbas.



En las Partidas de Alfonso X son condenados los que dan yerbas:



Los que fazen pecados de muchas maneras deven ser penados de muchas maneras. E primeriamentre aquellos que dan yerbas deven aver tal pena, que si aquel á quien dieran las yerbas murier, manamano deven seer penados los que ie las dieron, é morir mala mientre. E si por ventura escapar de muerte aquel que las bevier, el que ie las dio deve ser metudo en su poder, que faga dél lo que quisiere.



Actualmente se sabe que ciertas sustancias tóxicas presentes en muchos de los vegetales utilizados durante la Edad Media pueden causar grandes alucinaciones. La farmacopea diabólica recurría a las hierobotanas, plantas adivinatorias, especialmente ricas en alcaloides. Las plantas citadas con mayor frecuencia en los libros de hechicería son el estramonio, la belladona, la mandrágora, el tabaco y el beleño.



Es curioso que estas "plantas mágicas" prefieren suelos de carácter nitrogenado, en los que abundan los nitratos y sales amoniacales que les permite doblar su contenido en alcaloides. De ahí que estos vegetales fueran recolectados principalmente en los cementerios: no solo se aseguraban una buena cantidad de alcaloides, sino que se rodeaba al proceso de recolección de un halo de misterio. Las pociones mágicas eran en realidad caldos e infusiones en los que se cocían diversas plantas con el fin de extraer sus sustancias psicoactivas. Por otra parte, en muchas ocasiones se añadían ciertos aderezos que conseguían una preparación psicológica de los asistentes al ritual, todo esto lleno de grandes dosis de fantasía. Es decir: además de las plantas alucinógenas en sí mismas, se añadían elementos inocuos pero tenebrosos como diente de murciélago o escama de serpiente.



Las brujas guardaban celosamente el secreto de sus preparados, no solo para protegerse de las autoridades sino para asegurar su negocio. Por este motivo, muchos de los ingredientes de las pócimas y brebajes eran citados con nombres secretos, que carecían de significado para el no iniciado. Así, las tres brujas de Macbeth hablan de la "lengua de perro", de la familia de las boragináceas; de la "horquilla de víbora", helecho llamado realmente lengua de serpiente, utilizado para curar heridas; y del "diente de lobo", refiriéndose sin duda al acónito. Las dos plantas restantes y más visible son la "raíz de cicuta", planta tóxica muy común en los ungüentos satánicos, y el tejo, árbol muy venenoso. Otro de los ingredientes de este brebaje es la piel de sapo, que además de suministrar ciertas toxinas presentes en las glándulas parótidas de los sapos, añade un toque siniestro al preparado.



Otra de las pócimas más famosas la recoge Caro Baroja, según el testimonio de una bruja llamada Marie d´Aspilcojëtte. Al parecer, este brebaje llevaba cabezas de sapos, granos, la corteza y la médula de un arbusto llamado lengua de souhandourra, languerottes y arañas. Una pócima poco precisa de la que se pueden intuir algunos ingredientes. Fácil de identificar es el primer ingrediente: los sapos. En cuanto a los granos, probablemente se refiera a alguna clase de semilla, aunque es difícil precisar cual. Podría tratarse de la adormidera (Papaver somniferum), pues sus semillas eran corrientemente utilizadas en los filtros y pócimas de la Edad Media. Otra opción sería el beleño (Hyosciamus niger), cuyas hojas y semillas se utilizaron en pociones y filtros amorosos, ya que también pueden producir sensaciones afrodisíacas. También las semillas del apio (Apium graveolens) eran usadas por las brujas en sus aquelarres, ya que al contener feromonas, provocan ligeras sensaciones afrodisíacas. La última posibilidad serían semillas de centeno infectadas por un hongo llamado cornezuelo del centeno (Claviceps purpurea), que posee una sustancia muy similar al LSD. También resulta complicado identificar el arbusto llamado lengua de souhandorra, aunque podría tratarse del cornejo (Cornus sanguinea), que en euskera recibe ese nombre. Los últimos ingredientes citados son languerottes y arañas, que probablemente presenten escasas o nulas propiedades tóxicas, pero que tienen la función de conseguir una mezcla más tenebrosa y desagradable.



No todas las pociones servían para la realización de los aquelarres. Las hechieras también podían preparar los famosos filtros amorosos, cuyo ingrediente fundamental solía ser el estramonio. Es curioso que la mayoría de estos hechizos también incluían hojas de ciprés, no por sus propiedades químicas, sino probablemente por la asociación de éste árbol con la muerte y la eternidad. En otras ocasiones las venéficas eran consultadas por las mujeres que se sentían constantemente acosadas por sus maridos. Una poción común para causar impotencia era la infusión de flores de álamo y sauce, y en efecto, en la actualidad se sabe que el sauce blanco posee estrógenos, por lo que el funcionaría como anafrodisíaco para los hombres.



Como conclusión de todo ello puede afirmarse que las venéficas y brujas, que supuestamente realizaban prácticas satánicas y actos de brujería, eran en realidad unas grandes conocedoras de los vegetales y sus principios activos. Es muy probable que estas hechiceras comenzaran como curanderas recetando diferentes plantas tóxicas de benéficas propiedades en dosis menores, pasando poco a poco a dosis más fuertes al descubrir los efectos psicotrópicos que poseían. Sin duda estos personajes, principalmente mujeres, arriesgaban mucho. Las creencias medievales no estaban preparadas para asimilar que una sustancia tóxica, tomada en pequeñas cantidades, podía ser beneficiosa para la salud. De modo que si una mujer eran encontrada en posesión de alguna de esas plantas ("hierbas de brujas"), inmediatamente era acusada de envenenadora, o lo que es peor, de pactar con el demonio, y podía ser ejecutada por ello.



Se puede hacer actuar a las plantas tanto ingeriéndolas por vía interna como aplicándolas externamente. En el primer caso, hay posibilidad de elegir entre la infusión, la decocción, la maceración, el zumo, el polvo, etc., según las particularidades de cada planta. En el segundo caso, se puede recurrir a una gran variedad de preparados que actúan directamente sobre la piel o, por ósmosis, en el interior del organismo. Hay que prestar especial atención a la preparación de los remedios medicinales, ya que de la correcta elaboración depende que éstos sean efectivos o no. Las venéficas aplicaban las hierbas de formas variadas para aprovechar al máximo sus propiedades:


Antídoto: Medicina o sustancia que contrarresta los efectos nocivos de otra, como puede ser un contraveneno.



Bálsamos: Sustancia aromática, líquida y casi transparente en el momento en que por incisión se obtiene de ciertos árboles, pero que va espesándose y tomando color a medida que, por la acción atmosférica, los aceites esenciales que contiene se cambian en resina y en ácido benzoico y cinámico. Nombre genérico que se aplica a gran número de plantas y árboles americanos, pertenecientes a diferentes familias, que proporcionan sustancias balsámicas de propiedades medicinales. Medicamento compuesto de sustancias comúnmente aromáticas, que se aplica como remedio en las heridas, llagas y otras enfermedades.



Baños de asiento: Son idóneos para tonificar, relajar y oxigenar el organismo. Consiste en sumergirse en un recipiente adecuado o una bañera de tal manera que las partes genitales y los riñones queden sumergidos bajo el agua preparada con plantas medicinales. La preparación del baño de asiento es igual que en el caso de los maniluvios y pediluvios, con la diferencia de que en cada baño se usa un litro de líquido de líquido concentrado. Las duchas vaginales son muy similares a los baños de asiento, y se preparan del mismo modo, aunque se aplican únicamente en la vagina. Deben adiministrarse a 37 grados, y en preparados no muy concentrados, ya que la absorción es muy rápida e intensa.



Baños de vapor: Este sistema se utiliza normalmente para tratar enfermedades del sistema respiratorio. Pueden ser generales, es decir, que incluyen todo el cuerpo, o pueden estar localizados, como en el pecho, la cabeza o la espalda. Para prepararlos, se ponen a hervir cinco litros de agua. Después de apagar el fuego, se añade la cantidad indicada de planta para cada caso, se remueve y se utiliza una toalla para impedir que el vapor se escape y poder concentrarlo en el lugar del cuerpo deseado.


Bizma: Raíz dhe- (poner, arreglar), palabra de origen griego que significa "poner". En el s.XIII se decía bitma. Es un emplasto para confortar, compuesto de estopa, aguardiente, incienso, mirra y otros ingredientes.



Cataplasmas: La planta se aplicará directamente sobre la piel en grandes emplastos, o bien se introducirá previamente en una bolsa de tela fina. La temperatura de los cataplasmas no debe ser muy alta, ya que a partir de los 50 grados, la mayoría de las propiedades medicinales se pierden. Las aplicaciones nunca durarán más de cinco minutos, aunque si es preciso, se aplicarán cataplasmas sucesivos. Este preparado se utiliza fundamentalmente para combatir dolores reumáticos o de otro tipo, para tratar abcesos y supuraciones, así como inflamaciones en cualquier lugar del cuerpo. En los catarros y enfermedades de las vías respiratorias, son muy efectivos aplicados sobre el pecho.



Colirios: Son infusiones muy ligeras que se utilizan para baños oculares. En el momento de su aplicación, deben estar tibios.



Compresas: Consiste en impregnar un trozo de tela o algodón en un preparado líquido, como una infusión, una decocción o una tintura, y aplicarlo directamente sobre la zona a tratar. El tiempo de aplicación oscilará entre cinco y diez minutos. El apósito es una compresa preparada con un líquido menos concentrado, de modo que se deja actuar lentamente, hasta un máximo de 12 horas.


Confección: Tomado del latín confectio-onis "composición, preparación", derivado de conficere "componer", y éste de facere "hacer". En el s.XIII se decía confasión. De modo general es la acción de preparar o hacer determinadas cosas, como bebidas, medicamentos, venenos, perfumes, etc., generalmente por mezcla o combinación de otras. También suele llamarse así a un medicamento de consistencia blanda, compuesto de varias sustancias pulverizadas, casi siempre de naturaleza vegetal, con cierta cantidad de jarabe o miel.


La magia de las "confecciones" (así llamada en la Edad Media) estaba íntimamente relacionada con la hechicería (ambas palabras vienen de facere "hacer") y la mezcla de diversas sustancias para realizar hechizos.



Decocciones: Aquí entran las partes más duras de las plantas medicinales como son las semillas, frutos, raíces, cortezas, etc. Suelen hervir entre uno y 20 minutos. Al ser partes más duras la infusión se hace ineficaz para extraer los principios activos, mientras que la cocción prolongada si llega a extraer estos principios. La decocción puede utilizarse tanto por vía interna como para preparar maniluvios y pediluvios, cataplasmas, baños de asiento, etc.



Extractos: Se trata de sustancias muy concentradas, obtenidas mediante maceración en determinados líquidos, como agua, alcohol o éter. Se suelen aplicar en gotas o mediante mezclas divesas, y pueden tener consistencias líquidas, densas, fluidas o secas. Los extractos líquidos, como los del tomillo, son ligeramente espesos, parecidos a los de un almíbar. Los extractos fluidos, como los del helecho macho, tienen consistencia similar al de la miel fresca. El extracto denso, como el de la belladona, contiene un máximo del 20 por ciento de agua, mientras que el 80 por ciento es materia seca. El extracto seco, como el del ruibarbo, tiene solamente un cinco por ciento de agua, por lo que puede ser convertido fácilmente en polvo.



Filtro: DRAE 1780: Hechizo amoroso. Del griego phíltron, derivado de phileo "yo amo".



Gargarismos y enjuagues: Son preparaciones líquidas con plantas y agua en forma de infusión o decocción, que se utilizan para producir efectos terapéuticos y medicinales sobre las mucosas que recubren el fondo de la boca, las amígdalas y la garganta. Para que su eficacia sea óptima, tienen que estar muy calientes.



Infusiones: En una infusión, las plantas sólo se deben escaldar con agua hirviendo. Por lo general se realizan infusiones con plantas muy aromáticas, las cuales poseen unos principios activos muy vulnerables a altas temperaturas, como por ejemplo la hierbaluisa, la menta, hierbabuena, romero, mejorana, salvia o manzanilla. La infusión es una manera de preparar muchas recetas beneficiosas para la salud. Por medio de ella conseguimos extraer muchos principios activos de las plantas medicinales aportando una serie de elementos vitales para el organismo, tales como los flavonoides, aceites, taninos, vitaminas y minerales.



Jarabes: Se trata de líquidos muy concentrados elaborados a partir de extractos, azúcar y agua. Los jarabes galénicos son adecuados en medicina infantil, sobre todo como expectorante y para combatir la tos. Los más comunes son los jarabes de malvisco, llantén o tomillo.



Jugo fresco: Consiste en extraer de frutas, hortalizas y plantas medicinales sus jugos frescos, aprovechando de esta manera todas sus vitaminas y principios vitales. Por ello, se utilizarán únicamente plantas recién recolectadas. Para una elaboración ideal del jugo, se utilizará un mortero, y después se prensará el picadillo obtenido a través de un lienzo fino. Hay que señalar que el jugo es de utilización inmediata, y que no se puede conservar, ya que perdería sus propiedades.



Lavativas o enemas: Se realizan introduciendo por el ano, mediante aparatos específicos como las peras, diversos preparativos medicinales. La absorción es muy rápida y directa, por lo que se utilizarán preparados poco concentrados en los cuales estemos seguros de que no hay ningún elemento tóxico. Las lavativas deben administrarse siempre a la temperatura de 37 ó 40 grados como máximo. La dosis normal es de una lavatia al día.


Linimento: Raíz lei- "viscoso, pegajoso". Del latín lino "untar". Preparación menos espesa que el ungüento, en la cual entran como base aceites o bálsamos, y se aplica exteriormente en fricciones. 
El DRAE 1734 da otra definición:


Cierto género de composición media entre aceite y ungüento, en la cual entran ordinariamente enxundias o manteca.


Loción: Se utiliza como preparado líquido, una decocción, una infusión o una maceración, para extenderla sobre la zona a tratar, y a continuación, dar un masaje sobre esa región. Cuando el masaje es rápido y enérgico, se habla de fricciones. 



Maceraciones: Hay dos tipos de maceraciones. La primera de ellas se realiza en frio. Se ponen las plantas en agua y se dejan durante un promedio entre seis y 12 horas, nunca más tiempo, ya que el agua de la maceración puede resultar un excelente caldo de cultivo para todo tipo de hongos y bacterias. Para realizar una maceración en caliente, se pone el agua a hervir, y después de apagar el fuego, se echan las plantas indicadas. Se remueve y se deja reposar entre seis y 12 horas. Se cuela. Las maceraciones prolongadas en frío tienen la gran particularidad de no destruir los principios activos de las plantas que son sensibles al calor.



Un tipo específico de maceración son los vinos y licores medicinales, que tienen la ventaja de que el alcohol actúa como conservante de sus principios activos, por lo cual duran más tiempo. Por otro lado, la maceración puede ser más prolongada, ya que la mayoría de las bacterias y hongos no pueden vivir en un medio alcohólico. A pesar de todo, cuando los licores medicinales impliquen una maceración muy larga, se debe tener la precaución de utilizar plantas secas.



Maniluvios y pediluvios: Los maniluvios y pediluvios se basan en el principio de la absorción por ósmosis: las sustancias que necesita el organismo penetran a través de la piel para llegar al torrente sanguíneo, que las transporta a los lugares donde se las necesita. Son especialmente efectivos en dolencias reumáticas, neurálgicas, circulación deficiente, artritis, artrosis y afecciones renales.



Para preparar los maniluvios y los pediluvios, se pondrá a calentar un litro de agua con cinco cucharadas soperas de la mezcla de las hierbas indicadas y las plantas frescas señaladas. Se hierve tres minutos a fuego lento y tapado, se apaga y se deja reposar durante 15 minutos. Después de colarlo, se guarda el resultado en una botella hermética en frio. Este es el preparado o concentrado que utilizaremos en los maniluvios y pediluvios. Los pediluvios se realizan en ayunas. Se ponen dos litros de agua a hervir durante cinco minutos a fuego lento, se apaga y se deja reposar durante cinco minutos. Se le añade un cuarto de litro del preparado anterior, se remueve y se vierte en un recipiente donde se puedan introducir los pies. Antes de que el agua se enfríe, se introducen los pies durante aproximadamente diez minutos. Lo ideal es acabar con un chorro de agua fria. Los maniluvios deben realizarse también en ayunas. El proceso de elaboración es exactamente igual que en el caso de los pediluvios, con la diferencia de que serán las manos las que permanezcan diez minutos sumergidas.


Mejunje: Del árabe mamzuj "mezclado". Se conoce como mejunje o menjurje al cosmético o medicamento formado por la mezcla de varios ingredientes.



Píldoras: Son preparados destinados a ser administrados por vía bucal. Se suele utilizar una mezcla de la sustancia activa principal y otros productos auxiliares. Conseguir la adecuada solidez de las pildoras requiere un proceso laborioso, ya que deben dosificarse en pildoreros, eliminar la humedad sobrante y aplicarles una serie de productos superficiales para evitar que se adhieran entre sí. Sustancias laxantes, hierro y arsénico eran los productos que se empleaban en píldoras con más frecuencia.



Polvos: Son una de las formas más típicas de presentación de las plantas medicinales, quizá por su facilidad de preparación y la mejor absorción por el organismo cuando se usan internamente, aunque también se utilizan externamente en algunos casos. Es en forma de polvo como se encuentran la mayor parte de las plantas en los herbolarios. Se trata de reducir las sustancias secas a fragmentos ínfimos.



Preparado: Dícese de la droga o medicamento preparado.



Tinturas: Como su nombre indica, se trata de productos líquidos de variadas coloraciones, según el producto empleado en su elaboración. Se suelen aplicar en gotas o cucharadas, tanto por vía oral como externamente (ejemplo del tratamiento de encías o gargarismos). Para prepararlas, se machan las plantas en alcohol de 90 grados, se deja macerar durante dos días en un recipiente hermético lejos de la luz del sol y se filtra a través de un lienzo fino. La tintura es muy activa, de modo que debe reservarse para casos muy graves.



Ungüento: Procedente del latín unctare derivado del latín ungere "untar", "ungir". Todo aquello que sirve para ungir o untar.


A modo de curiosidad les dejo con el recetario de una venéfica hurdana dedicada a curar.



-Tomillo salsero: Su agua para el dolor fuerte de barriga

-Ortiga: restregarse con ellas en las partes donde duele el reúma.

-Mazaroca: Su caldo se cuece y se toma para los que tengan orines.

-Zarrapastrones y jormigosas: para ponerlas sobre las quemaduras fuertes.

-Viloria: su tónico es bueno para el corazón y para taponar heridas.

-Malva: sus hojas cocidas se colocan subre pústulas y granos para que sanen.

-Calabazas: sus pipas cocidas en agua se toman para echar lombrices de tripas.

-Ceborrincha: planta que se aplica para quitar almorranas.

-Tomillo burrero: su jugo en ayunas disminuye los ardores del estómago.

-Orégano: con su agua cocida se hacen gárgaras para quienes tengan anginas o paperas.

-Hoja del castaño: seca y mezclada con cáscaras de naranja y limón sirve para combatir las congestiones fuertes.

-Ajo: se machacan para hacer cataplasmas y aplicarlos en los callos de los pies.

-Altramuz: con su agua se evitan la caída del pelo.

-Habas: se colocan recién cogidas sobre una herida sangrante y la taponan.

-Jiel de la tierra: su cocedura sirve para combatir las fiebres muy altas.

-Sanguinaria: hervida se toma con agua abundante y es buena para la circulación.

-Sietesangrías: se cuece en un puchero y se toma con todas las raíces. Sirve para la tensión y para los problemas de circulación de la sangre.